viernes, 14 de abril de 2023

joaquín sorolla - aureliano de beruete - 1902

una gran amistad unió durante toda su vida a éste hombre, Aureliano de Beruete padre con nuestro pintor, y entre ambos existió siempre una suerte de admiración y colaboración. (ver al respecto esta entrada del blog sobre el cuadro de Sorolla tormenta sobre Peñalara). Beruete fué quizá la persona que mejor conocía, y seguía paso a paso, la obra del valenciano, le acompañó en muchas ocasiones durante el trabajo y le visitaba con frecuencia en su casa de la calle Martínez Campos de Madrid. Bastante mayor que Sorolla, le llevaba 38 años, económicamente muchísimo más holgado y perteneciente a una familia en lo más alto de la escala social, abrió muchos caminos por su influencia al valenciano y facilitó su contacto con la alta burguesía, aún cuando a la vista de su excelsa obra cualquiera pensará que nada de esto lo habría de necesitar. En el Museo-casa de Sorolla se conservan  las 82 cartas enviadas por Beruete a Sorolla de las que se puede extraer el gran interés por su obra y, pleno de satisfacción por su rápido progreso, su esfuerzo constante por conseguir para él los máximos galardones y el mayor número de ventas, tal como haría el clásico mecenas protector 

Pero además estamos ante un gran intelectual, crítico de arte y personaje destacado dentro del movimiento liberal y progresista que en estos años de finales de siglo y principios del XX comenzaba a desarrollarse en el seno de la sociedad española. En efecto Aureliano de Beruete fué miembro fundador de la Institución Libre de Enseñanza, fué uno de los compromisarios que en febrero de 1873 votaron la Primera República, e incluso, brevemente,llegó a ser elegido diputado en Cortes por voluntad popular. 

Entre sus muchos estudios y publicaciones relacionadas con el arte destaca su famosa monografía sobre Velázquez, escrita en francés y publicada en París el año 1898.

Pues bien, Aureliano de Beruete desde el primer momento, trás sus años de estudios en la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid con nada menos que Carlos de Haes como profesor, pintor holandés ya mencionado repetidamente en éste blog, se interesó por la pintura al aire libre y, de la mano de Haes ó sin él posteriormente, visitó los más bellos rincones de nuestra península con la paleta y el caballete al hombro para dejarnos infinidad de paisajes que, de la seriedad y frescura velazqueña pasaron poco a poco a ser auténticas obras impresionistas. Especialmente se volcó en Madrid, Toledo y provincias aledañas, pero también llevó a cabo largas jornadas al aire libre por Galicia y el País Vasco y en París entra en contacto con la famosa escuela de Barbizón, donde conoce a varios de los pintores considerados ya como preimpresionistas.

Podéis ver a continuación algunos de sus paisajes:

vista de Segovia

el Guadarrama

paisaje de toledo

Peñalara

paisaje del río Manzanares(Madrid)

paisaje con el convento de Santo Espíritu de Segovia

paisaje de Toledo

 Pero atendamos un poco la obra que nos trae. Fué un regalo de Sorolla a Beruete, aunque éste último se lo dejó cuantas veces lo requirió para su exhibición. Durante una de estas, en Londres en 1908, un norteamericano, precisamente el magnate de los ferrocarriles, Archer M. Huntington, lo vió, le gustó e inmediatamente lo quiso comprar. Mr. Huntington, además de potentado, era un hombre culto, enamorado de España y apasionado de su arte; no en vano estaba creando un gran museo, sería la Hispanic Society, dedicado a divulgarlo y fomentarlo.

Sorolla no tuvo inconveniente pero antes tendría que consultarlo, claro está, con Beruete, quién, no pudo aceptar.....Hay una carta suya para el pintor valenciano donde, con gran sentimiento, expone sus razones. No quisiera extenderme demasiado en el asunto, pero permitirme que aquí la transcriba:

«Lo destino, con el de María Teresa, y usted lo sabe, al Museo Moderno. Ya sé que usted me haría otro y que sería aún mejor que ya es, pero este lienzo tiene para mí un mérito inmenso: pertenece a una época que ya pasó; tiene algo que dudo pudiera darse en otro, aun cuando fuera mejor como arte. Ya sabe que desde que fue conocido obtuvo un éxito grande; ha sido la envidia de muchos.Todo hace que, con gran sentimiento por el interés hacia usted, me haya visto privado de complacerle en esta ocasión».

Sorolla llevó a cabo un segundo retrato para Huntington ese mismo año, para mi gusto, sin la prestancia y naturalidad que tiene el primero.                                                                                      

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