Valencia, Museu de Belles Arts3. entre la corte y el convento. Nuevas imágenes para nuevos temas
La asimilación de los modelos italianos implica también la incorporación de temas de origen transalpino, si bien traducidos y adaptados a la realidad de los reinos hispanos. Los monarcas y sus cortes resultan especialmente activos en este sentido con la reelaboración de imágenes de gran carga simbólica, como la Verónica de la Virgen –concebida a partir de modelos romanos– o la Virgen de la Humildad –derivada de prototipos gestados por Simone Martini en Aviñón–. En sus manos, las expresiones de piedad y cultura se tornan manifestaciones de poder y prestigio. Esa creatividad iconográfica se observa igualmente en algunos distinguidos conventos femeninos –Santa Clara de Palma de Mallorca, Santa María de Pedralbes y el del Santo Sepulcro de Zaragoza–, cuyas formas de vida estaban más próximas a los usos cortesanos que a la regla profesada. Son espacios refinados y permeables, escenarios ideales para el desarrollo tanto de originales imágenes y ciclos ligados a las nuevas corrientes de espiritualidad mendicante como de obras de promoción particular que traducen las devociones y expectativas de sus destacados protectores.
la Verónica del Rey
El coleccionismo de objetos sagrados era una práctica común entre los monarcas medievales, que expresaban así su devoción cristiana y consolidaban su prestigio. Entre las piezas del tesoro de reliquias reunido por Martín I de Aragón en la capilla de su palacio real de Barcelona destaca la Verónica de la Virgen, considerada una imagen acheropita (no hecha por mano humana). Su prototipo son los iconos marianos romanos de la Maria Advocata, una serie de Vírgenes atribuidas a san Lucas, si bien la imagen del tesoro real ofrece solo un primer plano del rostro de la Virgen hasta los hombros. La Verónica de la Virgen alcanzó gran fama y fue copiada desde poco después del año 1400, sobre todo a partir de dos prototipos iconográficos: uno muy fiel al original; el otro, más libre. En ningún lugar del occidente bajomedieval tuvieron tanto éxito las Verónicas de la Virgen como en la corona de Aragón.
en el convento
Los temas vinculados a la espiritualidad de signo franciscano son objeto de particulares inflexiones en los conventos femeninos habitados por damas de la nobleza. Así sucede en la clausura de Santa Clara de Palma, que cuenta con uno de los conjuntos de pintura más sugestivos de comienzos del siglo XIV y del que proceden tres de las obras expuestas: un dossale de la Pasión, probable obra de un pintor genovés que incorpora ecos de la cultura bizantina –caso de la escena de las injurias a Cristo con músicos que tocan diversos instrumentos–; una peculiar tablita de la Crucifixión, de origen adriático, y una imagen mayestática de santa Clara debida a un autor mallorquín influido por los modelos pisano-sieneses. Tres obras originales por iconografía, formato y estética que ponen de relieve soluciones híbridas propias del ámbito mallorquín, un cruce de vías y rutas mediterráneas. La selección incluye, además, un refinado altar portátil, canto cortesano a la religiosidad franciscana, fruto de los intercambios entre las islas Baleares y Nápoles.
máquinas de contar historias
A partir de las fórmulas de inspiración italiana practicadas por los Bassa, los hermanos Serra desarrollaron en Barcelona una particular variante pictórica, basada en la elegancia formal –tanto a nivel figurativo como en la decoración de los fondos dorados– y en la experimentación de modelos iconográficos, que conquistó la escena artística de la corona de Aragón durante toda la segunda mitad del siglo XIV. Jaume y Pere avanzaron hacia una solución estética fundada en la fusión entre color y oro, entre pigmento y dorado, que proyectó los temas marianos y hagiográficos hacia nuevas formas de percepción multisensorial. Aunque se sirvieron de diversos formatos –algunos muy innovadores, como el bancal independiente–, su principal medio de expresión fueron los retablos, a cuyo desarrollo tipológico y monumental contribuyeron decisivamente. Con los Serra, el retablo se convierte en el soporte idóneo para ordenar relatos, jerarquizar figuras y proponer itinerarios devocionales. En una máquina escenográfica de contar historias.