Bilbao, Museo de Bellas Artes de Bilbao 4. viajes de ida y vuelta. A la manera de España
Nuestro periplo concluye con un giro insospechado que ilustra hasta qué punto los caprichos de los intercambios culturales desmienten cualquier apriorismo o categoría establecida por los discursos historiográficos tradicionales. Si a lo largo de toda la exposición el discurso se ha centrado en la profunda incidencia que tuvieron los modelos italianos trecentistas en los reinos hispanos, la última sección está dedicada a examinar una situación inversa. Su protagonista es Gherardo Starnina, un maestro toscano que, tras su paso por las coronas de Castilla y Aragón entre 1393 y 1402, agitó el ambiente artístico de la Florencia de inicios del siglo XV con el renovador lenguaje tardogótico que había asumido durante su estancia en Valencia. Su viaje de ida y vuelta revela hasta qué punto las andanzas de ciertos artistas por el Mediterráneo occidental y las obras que dejaron a su paso dieron lugar a realidades plurales e híbridas, difíciles de categorizar, pero fundamentales para comprender la evolución de las formas artísticas. Demostraría cómo A la manera de Italia puede acabar transformándose en A la manera de España.
italianos en la catedral de Toledo
En la última década del siglo XIV la catedral de Toledo se convierte en uno de los centros del italianismo fuera de Italia gracias al obispo Pedro Tenorio, quien auspicia dos proyectos estrechamente vinculados a la pintura trecentista florentina: el gran retablo mayor (h. 1388-94) y la capilla de San Blas (h. 1399-1404). Aunque el retablo fue sustituido por el actual y de él tan solo nos quedan algunas tablas, muy retocadas, con escenas cristológicas y tres figuras de apóstoles, todo apunta a que fue obra de Gherardo Starnina. Por su parte, los frescos de la capilla de San Blas se conservan, pero muy degradados. En ellos intervino otro maestro toscano, aún anónimo, junto a un heterogéneo grupo de pintores que, marcados por su impronta, trasladaron los modelos visuales utilizados en la capilla toledana a algunas obras sobre tabla y lienzo, de las que aquí se exponen cuatro ejemplos.
Valencia 1400 . Las décadas prodigiosas
en torno a 1394, Gherardo Starnina se trasladó a Valencia, uno de los puertos más dinámicos del Mediterráneo occidental y sede de una de las comunidades artísticas más cosmopolitas del gótico internacional europeo. La integraban maestros procedentes de otros territorios de la península ibérica, en su mayoría de la corona de Aragón, pero también del resto del continente, desde Flandes hasta Italia. La escena artística valenciana entre 1390 y 1410 era un deslumbrante y variado laboratorio visual, un crisol creativo en el que convivían y se hibridaban diversas tendencias estéticas. Como muestran las obras de esta sección, existe una preferencia por las formas curvilíneas caprichosas y los cromatismos intensos, así como por la reproducción con materiales diversos de tejidos de lujo y fondos dorados. La mayoría de los encargos, especialmente los retablos, fueron asumidos por de varios pintores asociados, a menudo de orígenes diversos, lo que fomentó los intercambios artísticos.
la conversión de Gherardo Starnina al tardogótico valenciano
Las propuestas del gótico internacional adoptadas por Pere Nicolau y Marçal de Sas orientaron la cultura visual florentina de Starnina hacia un horizonte marcado por el encuentro y la fusión de los dos modelos entonces en boga. Así, las fórmulas basadas en el volumen y el espacio –deudoras de su aprendizaje en el taller de Agnolo Gaddi y consolidadas en la obra del retablo mayor de la catedral de Toledo– se acompasaron, un lustro más tarde, con la exuberancia decorativa de los dorados, el cromatismo saturado y la fluidez de la línea. Después de la etapa toledana, y en contacto con el dinámico ambiente artístico de la Valencia de finales del siglo XIV, Starnina da paso a un pintor más complejo e híbrido, cuya identidad escapa a las estrictas categorías de los estudios de la historia del arte. No en vano, la presencia conjunta de Starnina y Marçal en el cuaderno de bocetos valenciano, hoy en los Uffizi, confirma esta fascinante convergencia.
el retorno de un pintor gentil y cortés
El Gherardo Starnina que regresó a Florencia en 1402 era un maestro que, sin abandonar de raíz el sentido espacial y la solidez formal de su cultura toscana , supo fusionarlas con un trazo fluido y rebelde, un cromatismo caleidoscópico y un derroche de fantasía en la manipulación de los dorados. Giorgio Vasari describió en el siglo XVI esta transformación diciendo que, cuando se marchó de Italia, era “muy rudo y tosco” y que “en España aprendió a ser gentil y cortés”. De lo que no cabe duda es de que a su vuelta a la Toscana su sofisticado lenguaje tardogótico supuso toda una provocación en la Florencia de inicios del siglo XV, aún dominada por corrientes conservadoras de tradición postgiottesca. Junto con Lorenzo Ghiberti, Starnina encabezó la introducción del gótico internacional en la ciudad del Arno, una corriente que tuvo una legión de seguidores, entre los que descuellan Lorenzo Monaco y Fra Angelico. Bien podemos decir que con Starnina empezó todo.