a la manera de Italia
Gracias a los intensos intercambios mediterráneos, los reinos hispanos fueron los primeros territorios de Occidente sensibles a las manifestaciones artísticas del Trecento italiano –propugnadas, entre otros, por Giotto, Duccio, Simone Martini o los hermanos Lorenzetti–, que sorprendieron a los espectadores peninsulares tanto por su estética renovadora como por su sofisticación técnica. En manos de los maestros hispanos, el lenguaje trecentista italiano fue una auténtica lingua franca, abierta a todo tipo de versiones y adaptaciones, un punto de partida para elaborar refinadas obras de una sugestiva originalidad (estética, iconográfica y tipológica) que escapan a las categorías artísticas convencionales.
Las imágenes no solo viajan, sino que se interpretan, se aclimatan y, al hacerlo, dan vida a identidades difuminadas e híbridas nacidas de la fértil conjunción de propuestas diferentes. En este ambiente de fecunda creatividad también se desarrollan nuevas formas de pintura polimatérica: la aplicación del oro se convierte en una estrategia técnica que permite emular las texturas de los tejidos de lujo, pero, sobre todo, transformar los grandes retablos hispanos en máquinas escénicas que generan experiencias ópticas y simbólicas.
Lejos de proponer una narración unilateral, la exposición subraya la complejidad de estos intercambios artísticos con un final revelador: el impacto de la cultura tardogótica hispana en Italia. Una vuelta de tuerca que señala hasta qué punto las vías mediterráneas anulan las fronteras tradicionales entre centro y periferia para implantar un mundo de encrucijadas de caminos y de alternativas fascinantes.
(nota ; todos los textos y comentarios que figuran en esta Exposición han sido extraídos de los catálogos y páginas del Museo del Prado de Madrid)
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