jueves, 23 de octubre de 2014

el greco - adoracion de los reyes 1568


El que el Greco se trasladara de su isla natal a la República veneciana no fué de ningún modo un caso insólito entre los artistas cretenses de la época. Muchos lo habían hecho ya y, como ya hemos indicado anteriormente, formaban un nutridísimo grupo , más de cuatro mil, que incluso tenían su propia hermandad. Entre ellos estuvo una de las figuras más prestigiosas de la escuela bizantino-cretense, el gran Damaskinós ó Damasceno, excelente pintor de iconos dentro de la tradición post-bizantina y que, como el Greco, buscó también la actualización de su obra al modo occidental. La diferencia entre ambos es qué, a diferencia del Greco, Damasceno volvió a Creta y nunca llegó a ser un pintor renacentista con todo lo que esto implicaba y el Greco sí. Digamos que éste último quemó sus naves conscientemente y decidió convertirse en algo distinto a lo que era en su Candia natal.
Sin embargo las dudas sobre la consecución de esta prometedora nueva vida como artista debieron asaltar al cretense en muchísimas ocasiones durante aquellos pocos años de estancia en la capital de la República. ¿progresaba en su asimilación de las formas modernas?, ó, por el contrario, estaba estancado en la manera de hacer adquirida en sus primeros años de formación. No se han encontrado referencias de encargos, notificaciones de pagos ó adelantos, tampoco hay datos que permitan afirmar su pertenencia a algún taller ó su colaboracíón con alguno de los grandes maestros venecianos. Como siempre solo tenemos sus obras verdaderamente reconocidas. Hay algunas notas de su mano hechas al margen en el libro de Vasari "vidas de los mejores arquitectos, pintores y escultores italianos"  en las que habla de obras de Tiziano vistas en lugares públicos y nunca comenta nada de las que todavía estarían en el Taller, lo cual podría indicar que no frecuentó éste y menos en calidad de colaborador, que, por otro lado, podría exigir un nivel que el de Creta, en lo que se refiere a su formación italianizante, aún no poseía. 

¿Quién le enseño?, ó fué autodidacta en esta asimilación ?. Dejémoslo, ahí están sus obras. Esta que vemos pertenece al Museo Soumaya de la Ciudad de México.Tiene otras dos más, con el mismo tema, de esos años. La de nuestro Museo Lázaro Galdiano, casi similar a ésta que vemos en su composición y caracteres, es una obra bellísima que os aconsejo qué, si sois de Madrid ó venís de visita,  no dejeis de ver. Está hecha sobre papel pintado al temple pero el resultado final se parece a un verdadero esmalte de colores vivos y semitransparentes.
La segunda es la del Museo Benaki de Atenas que para mi gusto es la mejor, aunque puede que no la más avanzada. Al temple sobre lienzo denota la preparación rojiza que se aplicaba previamente a los iconos.

En las tres obras se aprecia la dificultad del pintor para asentar con aplomo y gracia los modelos, muchos posiblemente inspirados en los de otros pintores, en el conjunto de la obra; y en la que más se nota es en la que estamos viendo de México. El salto que estaba dando era importante pero dificultoso tras su herencia artística. Así, en todas ellas se aprecian detalles post-bizantinos : los fogonazos de luz en las ropas y otros lugares como los lomos de los caballos ó sobre los mismos cuerpos; cierta ingenuidad e incluso imposibilidad en las posturas, como en las de algunas figuras de la obra que nos trae. 

Pero, a pesar de todo, las tres obras respiran ya occidentalidad

No hay comentarios:

Publicar un comentario