Oviedo, Museo de Bellas Artes de Asturias, Colección Pedro Masaveu
2 . el puente de Aviñon. Intercambios mediterráneos
La geografía es un factor determinante: el mar anula fronteras y favorece los intercambios culturales. Entre los enclaves mediterráneos que estimulan las relaciones artísticas a principios del siglo XIV destaca Aviñón, la capital papal entre 1307 y 1403. Remontando el Ródano se alcanza una ciudad cosmopolita que acoge a pintores y orfebres italianos, en especial sieneses, con Simone Martini y su círculo a la cabeza. Algunos de ellos llegan a la corona de Aragón, donde marcan la trayectoria de maestros como Arnau Bassa y ayudan a configurar el paisaje artístico de mediados del siglo XIV. Por otro lado, obras aviñonesas son adquiridas por eclesiásticos hispanos de la corte pontificia, como Benedicto XIII o el cardenal Gil Álvarez de Albornoz. Por su parte, los mercaderes del Mediterráneo occidental satisfacen las inquietudes estéticas y devocionales de las élites de la península ibérica con obras italianas novedosas y sofisticadas. Sucede en Castilla, donde este comercio coincide, quizá no casualmente, con el advenimiento al trono de Enrique II Trastámara: el cambio dinástico se acompasa con un cambio del gusto artístico.
la estética neobizantina de Barnaba de Módena
Desde en torno a 1360, Barnaba da Modena dirige un taller en Génova que obtiene un gran éxito con la fusión de fórmulas neobizantinas y preceptos del naturalismo trecentista de raíz boloñesa y sienesa. Los mercaderes que surcan el Mediterráneo occidental transportan algunas de sus obras –que firma con orgullo– lejos de la ciudad ligur. Hasta Murcia llegaron las tres aquí expuestas.Dos fueron adquiridas por la reina Juana Manuel, esposa de Enrique II de Castilla: el dossale de la Virgen de la Leche –donde aparece, con su padre, arrodillada ante la Virgen– y las puertas laterales de un tríptico –en una de las cuales está retratada en una de ellas junto a su primo. La tercera es el políptico de Santa Lucía, quizá promovido por Fernando Oller, miembro de la oligarquía murciana, efigiado junto a su esposa en la escena de la Crucifixión. Las pinturas responden a inquietudes devocionales y deseos de autorrepresentación y prestigio. Pero es muy probable que la elección de las atractivas y exóticas obras de Barnaba deba de ser interpretada también como una elección visual de unas élites favorables a la nueva dinastía Trastámara, deseosas de distinguirse del gusto tradicional.

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