miércoles, 8 de febrero de 2017

pierre bonnard - la table 1925


 Estamos ahora frente a la primera obra de Bonnard que pasó a formar parte de la Tate Gallery de Londres   al año siguiente de su ejecución, en 1926. Dos años antes, el acaudalado magnate textil y gran coleccionista de obras de arte Samuel Courtland destinó nada menos que la suma de 50.000 libras para la adquisición de obras de marcado carácter impresionista ó post-impresionista, las cuales pasarían directamente a formar parte de los fondos de la National Gallery y de la Tate Gallery de Londres. Magnífico gesto de un hombre apasionado hasta el extremo por el arte y, desde su encuentro con la pintura francesa del momento en la exposición llevada a cabo en el Burlington Fine Arts Club, con los abanderados de estos movimientos del otro lado del canal. Así, obras como los melocotoneros en flor de Van Gogh,  El Bar del Folies-Bergère de Manet ó una de las famosas Montañas de la Victoria de Cezanne, entraron a formar parte de éste lote, del qué, como hemos indicado, formaba parte también  la Table de Bonnard, un Bonnard ya por entonces conocido y valorado por artistas como Matisse y Signac, aún cuando tuviese detractores, algunos del calibre de Picasso, pintor que nunca le comprendió, quizá por poseer sensibilidades totalmente opuestas.
El genial malagueño consideró a nuestro pintor como un perfecto "indeciso" y de éste modo le tachó , permitirme la palabra, para siempre. Así, escribió de él:

....no es pintura lo que hace. Nunca va más alla de su propia sensibilidad. No sabe como escoger. Cuando pinta, por ejemplo, un cielo, quizá lo pinta primeramente azul, más ó menos como lo vé. Pero se fija después algo más y vé que lleva algo de color malva, y aplica uno ó dos toques de éste color. Pero a continuacíón detecta que el azul es algo rosa, sí, lleva rosa, así pués no hay ninguna razón para no añadir algo de rosa. El resultado es un potpurri de indecisión. Si sigue mirando añadirá también amarillo....en lugar de decidir inicialmente que color tiene realmente. La pintura no se hace de ésta manera. La pintura no es cuestión de sensibilidad, es cuestión de aprovechar el poder de la naturaleza, estar por encima de ella, no esperar que nos suministre información y buenos consejos.......

-y digame, usted con cual va?.

-Pués mire, yo no soy ningún experto en el análisis exhaustivo del arte, pero la primera regla a aplicar en todos los casos al ver una obra es pasar de las posibles formas de ejecución que pueda haber tenido el pintor de marras y ajustarse al verdadero resultado final, qué es lo que realmente nos transmite el artista; si definitivamente el cielo que refiere Picasso nos aparece como una amalgama torpe de colores amontonados en el lienzo, tendría razón don Pablo, pero mucho me temo que casi nunca es así, y si no repase sus lienzos y dígame donde aparece algo que moleste ó este fuera de la armonía y belleza que en general pone en cada centímetro cuadrado de sus obras. No, viendo las obras de ambos pintores, a Picasso lo que le sacaría de quicio sin duda sería la aparentemente lenta elaboración y minuciosidad del francés derivada de su afán de exactitud y de querer plasmar la esencia de los objetos y las actitudes, el color de la manzana incorporando uno a uno todos sus matices, sombras y reflejos en toda su gama, ó las múltiples tonalidades de la nieve a la luz de la tarde......objetos todos que Picasso despacharía con colores lisos y líneas precisas, rápidas y, es verdad, acertadísimas al primer intento: aquí mando yo y decido, no me someto a nada.
El resultado, en ambos pintores, son obras llenas de fuerza y belleza, cada una por su lado, pero eso es lo mejor : la inmensa diversidad que caracteriza el mundo del arte.     

Así, con ésta adquisición para la Tate, Bonnard entra en el mismo saco que los post-impresionistas, aún cuando su forma de ver la realidad le separa claramente de ellos; es un artista cada vez más independiente aún cuando se puedan ver en sus cuadros algunos parecidos e incluso formas de hacer que vemos en las obras de impresionistas y post -impresionistas coetáneos declarados. En efecto, no fué ,ni mucho menos, un pintor directo, no representaba el objeto llevándolo al lienzo según se le presentaba, tal como haría Van Gogh y muchos otros impresionistas. Todos y cada uno de los objetos que podemos ver en la table , todas las escenas cotidianas ambientadas en interiores domésticos ó en bellos exteriores de jardín e incluso sus paisajes más amplios han pasado por sus blocs de apuntes, sus estudios previos de taller y, principalmente, por su propia recreación mental, hasta ser entes arraigados y familiares dispuestos ya para su traslado a la obra. Es un artista de lenta y concienzuda elaboración que se apropia de lo cotidiano, lo hace profundamente suyo y, por fín, lo introduce en la superficie de su cuadro., no como un objeto aislado, sino entrando a formar parte de un todo armónico donde los colores y su interrelación constituyen su principal objetivo.

pierre bonnard - el descanso - muchacha con blusa roja 1920


Bonnard llevó a cabo, durante su larga relación con Marthe, más de cuatrocientos cuadros en los que aparece ésta. Relación al parecer un tanto complicada, quizás debido a su delicado estado de salud, quizás a su propia manera de ser. En efecto, se sabe qué, en su estancia en París, no era muy amiga de reuniones con colegas y amigos y llevó al pintor a una vida artística y social un tanto aislada, ó al menos reservada. Puede que estas circunstancias llevaran a Bonnard a tomar una amante, ó puede que fueran dos : hacia los años de la ejecución de éste cuadro que vemos, tuvo relaciones con Lucienne Dupuy de Frenelle, una de sus modelos, de la que se conocen varios retratos y, sobre todo, con la suiza Renée Monchaty, quién aparece en la obra que estamos viendo. Más joven que Marhe, parece ser nacida en 1890, es decir con 30 años en la fecha en la que aparece en éste cuadro, la primera ya contaba con 51,  morena teñida de la que el pintor estuvo enamorado unos años, casi con seguridad a sabiendas de su mujer, puesto que trás el suicidio de Reneé, intentó convencer a su ya marido para que se deshiciera de los pocos cuadros en los que la modelo aparecía, es representada siempre por Bonnard con una mirada lánguida y sosegada como si éste ejercicio le devolviera parte de la tranquilidad que posiblemente echaba muchas veces de menos en su relación con su querida Marthe.
Pero la mujer, como el hombre, suelen ser excluxivistas y por lo tanto egoistas en el amor, y la todavía jóven Reneé, no pudo soportarlo y se suicidó el mismo año qué, por fín, la pareja Bonnard contrajo matrimonio oficial el año 1925. Por algún sitio he leído que el pintor llegó incluso a acompañar a la Monchaty a Roma con la intención de pedir su mano en la casa paterna. De la forma en que llevó a cabo la modelo su propia muerte hay multitud de versiones y también algunos biógrafos dicen que el artista cayó en una fuerte depresión tras el suceso, lo cual puede ser cierto.

Pero a la larga, como pasa con todas las cosas de la vida, lo que quedan no son las personas, ni siquiera sus recuerdos, sino las obras, sobre todo cuando éstas son buenas y, sobre todo, cuando son excelentes ó definitivas, como el invento de la rueda, la novena Sinfonía ó, simplemente, éste retrato de una chica perdida en el olvido. 

pierre bonnard -el crepúsculo en fahrhaus d'uhlenhorst 1913

En 1912 Bonnard compró una pequeña casa en Normandía, región que ya había frecuentado anteriormente en bastantes ocasiones y le atraía enormemente. Estaba situada en la localidad de Vernon, a orillas del Sena, y llevaba dos años alquilándola hasta que finalmente decidió hacerla suya y la dió hasta un nombre, Ma Roulotte, esto es Mi Caravana. Allí se llevó sus bártulos y, por supuesto, a Marthe y además compraron una pequeña barca de remo para dejarse llevar por los meandros y las islas que se forman en esa parte del curso bajo del río francés.
Muy pocos kilómetros separan Vernon de Giverny, lugar que había elegido otro pintor, Monet, para residencia habitual; aún siendo importante la diferencia de edad entre ambos, Bonnard 45 y Monet alcanzando ya los 77, pronto surgió entre ellos una gran amistad.  

Al año siguiente Bonnard hizo un viaje a la ciudad alemana de Hamburgo acompañado de su amigo y pintor Vuillard. La ciudad del Elba era en esos años de finales del siglo XIX y principios del XX  un gran polo de atracción para jóvenes pintores relacionados en mayor o menor grado con la vanguardia artística gracias a los esfuerzos de Alfred Lichtwark, gran historiador de arte y mecenas germánico, quién a través de su famosa promoción "colección de imágenes de Hamburgo", escenas de la ciudad pintadas por ellos mismos, les daba ocasión de desarollarse y llevar a cabo su obra artística, además de facilitar su encuentro con marchantes ó coleccionistas locales.

El cuadro que vemos ahora representa una escena muy popular en el Hamburgo de esos años; se trata de un conocido punto de la ciudad frente al lago Alster, muy concurrido donde se celebraban bailes, cenas ó simplemente se sentaba la gente a tomar algo y charlar. A su lado estaba el edificio del Uhlenhorster Ferry
que fué destruido durante la pasada gran guerra. También existía un atracadero para los transbordadores de recreo así como embarcaciones más pequeñas. En el cuadro de Bonnard se ven muchas barcas a remo y a vela, ya en la semipenumbra del crepúsculo, mientras el primer plano esta totalmente ocupado por la terraza espléndidamente iluminada repleta de público. Como veis, Bonnard descuida y elimina casi totalmente la línea y el detalle, limitándose a rellenar de luz este primer plano y el resultado es efectivísimo: la sensación de penumbra se ve potenciada en el lago por la luz delantera y, vicebersa, la luz se torna más intensa gracias a la oscuridad que impera en el lago.
Ver otro cuadro de Bonnard muy similar, picnic,  posiblemente del mismo lugar, pero intensísimo de colores cálidos. Para mí, de lo mejores de estos años.

martes, 7 de febrero de 2017

pierre bonnard - paisaje con cabras 1912


 A finales de la primavera de 1912 Bonnard se trasladó unos dias al pequeño pueblo de Grasse, preciosa localidad próxima a Cannes en el mediodía francés; a primeros de Junio volvió a París trás una estancia corta pero excepcionalmente productiva: mas de diez obras, una de ellas de gran formato,  la primavera ó primavera temprana en el campo, obra encargada a través de su marchante Barnheim por Ivan Morozov, magnate y gran coleccionista ruso de arte de vanguardia. Además, y para la suntuosa escalera de su residencia de la calle Prechistenka de Moscú, el año anterior Bonnard había finalizado su famoso tríptico Mediterráneo(1), (2), (3) que hoy podemos contemplar en la sala 416 del Hermitage de San Petersburgo.  No era Bonnard el único artista contratado, también Denis lo fué por el magnate para decorar la sala de conciertos de dicha mansión. Si Mediterráneo, una composición como veis inmersa en el sol veraniego, debería ir en la escalera, la primavera y su otro encargo, el otoño: regogida de la fruta , irían a ambos lados completando el ciclo.
Volviendo a las jornadas en Grasse, el pintor acabó sus trabajos justo a tiempo para ser exhibdos en la galería Barnheim el 17 de Junio y posiblemente iría en el lote la pintura que estamos viendo paisaje con cabras, que había llevado a cabo en la villa del mediodía francés.
Se trata de uno de esos paisajes qué, analizando su colorido, podríamos calificar de fríos, frente a aquellos cálidos que nos han ido apareciendo una y otra vez. La diferencia, a mí parecer, es inmensa, cuando Bonnard decide que una obra sea de los primeros, lo hace a conciencia y no emplea un solo color caliente.Es posible que solo se deba al hecho de qué, desde sus comienzos, ha sido tremendamente versátil con el uso del color y producido obras en todas las gamas inimaginables, cuadros amarillentos relucientes, anaranjados hasta la saciedad, grisáceos tirando a negro, fríos verdosos, amarronados íntimos...aunque, para ser justos, también hay que decir que la luz entra cada vez más en sus obras a medida que pasan los años, siendo cada vez menos frecuentes esas que estamos llamando frías.

pierre bonnard - el palco 1908


Importantísimos personajes, definitivos para la carrera artística de Bonnard fueron estos caballeros que vemos retratados con dos damas, sus mujeres, en un palco, aunque ,como veis, son ellas principalmente el objeto del cuadro. Se trata de los hermanos Bernheim-Jeune, Gaston y Josse, el primero aparece en pié recortado. Mathilde Adler, en primer plano, casó con su primo Josse mientras que Suzanne, hermana de ésta lo hizo con Gastón; en definitiva ,un auténtico retrato de familia, hermanas casadas con hermanos, relación no del todo infrecuente, todos conocemos algún caso.   
La familia Bernheim-Jeune es originaria de Besancon donde regentaban un próspero comercio de material para el arte hacia finales del siglo XVIII.  Alexandre Bernheim, nacido en 1839, amigo de Delacroix, Corot y Coubert se asentó ya en la ciudad de París, de forma definitiva en el nº25 del bulevar de la Madeleine. Y son sus hijos, los ya mencionados Josse y Gaston quienes convierten el negocio en las famosa galerías por la que va a pasar toda la vanguardia artística del momento:
 en 1901 organizan la primera exposición de Van Gogh, en 1906 son Bonnard y Vuillard quienes presentan sus obras, 1907 es el año de la de Cézanne, el siguiente año nos traen a Seurat y Van Dongen, luego,1910 Matisse, Rousseau el aduanero en 1916........como veis su apoyo al movimiento impresionista y post-impresionista fué total y continuó con las siguientes generaciones de pintores hasta ahora. Concretamente, Bonnard formalizó contrato con los hermanos desde el año 1904 hasta nada menos que 1940.
Si quereis conocer detalles de la actividad artística de estos admirables marchantes franceses consultar la página extraída de la enciclopedia Larousse :  the Bernheim-Jeune story
 Especialmente las hermanas Adler aparecen en muchas obras de todos estos pintores de la época, pero hemos seleccionado dos del pintor Auguste Renoir representando a cada una de las hermanas, Mathilde y Suzanne.

viernes, 3 de febrero de 2017

pierre bonnard - en barca 1907


Una obra como veis dentro de los mismos parámetros que la anterior, el placer 1906-1910, mural para el comedor de Misia. Una escena idílica inmersa en un paisaje paradisíaco pleno de sensibilidad y belleza, un instante feliz y lánguido donde Bonnard una vez más representa a Marthe, esta vez con un pequeño perro en su regazo, difícil de apreciar, y dos niños. Otras personas, algunas casi etéreas siluetas, acompañan la escena y disfrutan relajadas del bello entorno.
Si nos vamos 15 años atrás y lo comparamos con Crepúsculo pintado en 1892 podreis observar el abandono de los colores planos, de la teatralidad de las estampas japonesas, de la carencia de profundidad y el uso cada vez más intenso del color y el paisaje convencional. Hemos incluido un detalle de la cabeza de Marthe para que aprecieis la riqueza de tonos que está ya empleando el pintor, el uso cada vez más pronunciado de tonos cálidos, amarillos, bermellones y naranjas alegres y optimistas, su aplicación en pinceladas pequeñas, sueltas y en muchos casos indefinidas y la carencia de contornos bién definidos.

Existen al menos dos obras más (1), (2), con Marthe en una barca, ambas también apacibles pero sin la atmósfera idílica de la que estamos viendo. 
Por otro lado la familiarización de Bonnard con la fotografía se refleja en el encuadre que hace de la barca, como si hubiese tomado la escena él mismo desde su parte delantera, cortándola e introduciéndonos en la misma, cosa que no es ni mucho menos infrecuente en sus obras.

jueves, 11 de agosto de 2016

pierre bonnard - panel decorativo para el comedor de misia: Le plaisir" dit aussi "Les Jeux"(detalle) 1906-10


 De la unión del escultor polaco Cyprian Godebski y de la violonchelista también polaca Zofia Servais nacía en San Petersburgo el año 1872  la pequeña María Zofia Olga que el mundo artístico de finales de siglo conocería como Misia y que habría de ser una gran pianista, la encantadora musa de los nabis y, sobre todo,  una mujer de una belleza y talento adorados por los más representativos personajes de la vida social y cultural europea a muchos de los cuales apoyó, alentó y a casi todos enamoró.

-oiga, no doy crédito, de qué diosa me está hablando?

Le hablo nada menos que de la Reina de París y le cuento : creció y se educó envuelta en un mundo musical envidiable formándose como pianista bajo Gabriel Fauré y Franz Liszt; un Franz Liszt que derramó lágrimas cuando supo de su compromiso matrimonial con Thadée Natanson apenas cumplidos los 16 años. Grieg la pidió tocar juntos la suite de su Peer Gynt, Mallarme le escribió poemas, Renoir le pintó hasta siete veces, Picasso la hizo madrina de su primer hijo y Bonnard la decoró su maravilloso comedor con 4 pinturas-mural de una de las cuales estamos viendo un detalle. Pero por sus salones pasaron todos, hizo una gran amistad con muchos de ellos como Edouard Vuillard, Bonnard, Henri de Toulouse-Lautrec ó Félix Vallotton, ayudó a financiar los Ballets rusos de Diahgilev cuando estos vinieron a París y cambió de marido hasta tres veces hasta encontrar al verdadero amor de su vida, el pintor español  Josep Maria Sert ya en 1920.
El primero de ellos, Thadée Natanson, a quién conoció una noche mientras estaba con Alfred Nobel, era un influyente periodista polaco editor de la publicación simbolista la Revue Blanche; Misia colaboró intensamente en su elaboración, más aún, fué el contacto a través del cual lo más selecto del mundo artístico y literario francés de esos años entró en relación con la misma. Misia fué además modelo de muchas de sus ilustraciones llevadas a cabo entre otros por Toulouse-Lautrec y Bonnard. En una palabra, nuestra bella polaca aglutinó durante los años que duró su matrimonio con Thadeé a toda esa vanguardia artística que derivaba del post-impresionismo hacia una expresión mucho más íntima y simbolista. Ambos esposos se convirtieron en marchantes, financieros y eficaces gestores. 
Como anécdota, en aquellas reuniones nocturnas en casa de los Natanson, Toulouse-Lautrec gustaba de erigirse en barman de la reunión y fueron famosos sus cocktails multicolores Pousse-café, cuya elaboración la podeis encontrar fácilmente en la web.
Toda esta carísima actividad artística alrededor de la famosa Revue Blanche necesitó a la postre más financiación que Thadeé buscó en el poderoso editor del diario parisino le Matin, Alfred Edwars, propietario además del Teatro y Casino, quién, enamorado, como no, de Misia y ya su amante secreto, le exigió el divorcio a cambio, a !lo que accedió!.

Así, a primeros de 1905, Misia cambió su nombre de casada convirtiéndose en Misia Edwards. Durante el verano del siguiente año, Bonnard se embarcó con la nueva flamante pareja a borde de su yate particular para visitar Bélgica y Holanda. Ese año el pintor llevó a cabo una exposición individual de su obra en la galería  Berheim-Jeune de París. Misia, por supuesto, continuó en su nueva residencia sus alegres reuniones artísticas y Maurice Ravel le dedicó su famosa composición musical la Valse.
También en ese mismo año de 1906 Misia le encargó a nuestro pintor que llevara a cabo cuatro grandes paneles para el comedor de su extravagante residencia. El trabajo estuvo acabado cuatro años más tarde y fueron expuestos en el Salón de Otoño de ese mismo año con gran éxito, ocupando finalmente su destino el día de Navidad de 1910. Los paneles son : juegos de agua-el viaje (museo d'Orsay), el placer  (museo d'Orsay) del que presentamos aquí un detalle, paisaje animado de bañistas (J.P.Getty, Malibu Museum) y tras la inundación (Ikeda, Japón).


En "Le plaisir" dit aussi "Les Jeux" (el placer) y en todos los demás, Bonnard mezcla elementos cotidianos con figuras desnudas ó vestidas al estilo clásico, verdaderas ninfas que recuerdan seres mitológicos y que llenan escenarios paradisíacos llenos de frescor y felicidad y en los que vuelve a dar protagonismo al color por encima de todas las cosas, tal y como podeis apreciar en la figura que hemos destacado.

La influencia de Misia y su alta posición social le abrieron a Bonnard las puertas de otras residencias análogas y a partir de ahí le llovieron numerosos encargos para su decoración, de las que destacamos aquí el gran panel de 260 x 340 cms tituladoo el verano que llevó a cabo para la familia Hanhloser.

pierre bonnard - la tarde burguesa 1900


La escena que nos presenta el pintor en esta obra con seguridad ha llamado vuestra atención por su tremeda quietud y frialdad; nada tiene que ver con la anterior que veíamos de su mujer, la indolente , llena de pasión, de color y de fuerza expresiva. Aquí, como en Crepúsculo, se ha vuelto a parar la imagen, se ha vuelto a congelar la feliz reunión familiar, estamos otra vez ante un momento cotidiano de cualquier vida corriente, un momento lleno de una inmensa paz.
Pero si os preguntara que tipo de escena tenemos ante nuestros ojos,  no vacilariais en contestarme qué nos encontramos ante un retrato, un retrato, por supuesto, familiar, y ahí entra Bonnard en esa gran tradicción pictórica que tantas grandes obras ha ofrecido a lo largo de toda la historia de la pintura, desde lo más intimo hasta los grandes retratos de familia de nobles y reyes, como las Meninas de Velázquez ó la familia de Carlos IV de Francisco de Goya. En todas, sin embargo, la estaticidad de la escena es denominador común .Cuando se trata de personas reales, con nombre y apellidos, la escena se para, exactamente igual que ocurrirá forzosamente años después con el advenimiento del retrato fotográfico. Las excepciones a esta característica son pocas, pero las hay, como la bellísima obra de Robert Braithwaite Martineau, the last day in the old home de 1862 ó las delicadas escenas familiares (1), (2) de Henri Lebasque . Hasta una familia de saltimbanquis es representada por Picasso en total quietud, sin el más mínimo asomo de  gesto ó actitud que pueda descubrirnos sus  habilidades. Algunas llegan casi a inspirar temor como la de la familia Gravenor de Thomas Gainsborough, que nos observa fijamente desde un recóndito rincón de la campiña inglesa.    

La reunión tiene lugar en la casa propieded de su abuela en Le Grand-Lemps, Alpes franceses, donde el pintor pasó siempre sus vacaciones hasta bién entrada su juventud. Muchísimas de sus obras representan la finca y sus alrededores; en definitiva, un lugar especialmente querido y frecuentado. Al parecer la figura de su madre aparece representada al fondo en la ventana a la derecha de la casa, mientras que, perfectamente reconocible, podemos ver al compositor francés Claude Terrasse, cuñado y compañero de milicias de Bonnard, con barba, cómodamente aposentado en ese sillón largo de la izquierda a quién retrató, y no solo ésta vez, fumando en pipa y acompañado de su mujer, Andrée, hermana del pintor, en su obra intimidad del año 1891, obra como podeis ver declaradamente influenciada por los consabidos ukiyo-e japoneses.

miércoles, 22 de junio de 2016

pierre bonnard - mujer adormecida en una cama 1899


Tambien conocido como la indolente, es uno de los primeros desnudos femeninos llevados a cabo por el pintor. 
Seis años antes de la ejecución de esta obra, Bonnard, tuvo la suerte de encontrarse por pura casualidad, según se cuenta al ayudarla a cruzar una calle de París, con Marthe de Méligny qué a la sazón dijo tener 16 años. Ya no se separarían hasta la muerte de ésta en 1942. Aunque no era el estilo de la época, permanecieron solteros hasta 1925, ésto es 22 años, año en que contrajeron definitivamente matrimonio. Entonces Pierre supo que Marthe no solo tenía ocho años más sino que no se llamaba así, sino María Boursin; es decir, había ocultado su verdadera identidad y su edad real por alguna razón que nunca desveló. Trabajaba en París desde hacía poco cuando se conocieron y no mantenía ningún tipo de relación con familiar alguno, ni padres, ni hermanos...con nadie. No se sabe nada de su vida anterior.

María ó, si preferís, Martha, fué el eje de su vida, su musa, y, como iremos viendo, su modelo más exclusiva.
Casi con seguridad, es la mujer representada en ésta obra, que, como veis, es todo un cántico a la sexualidad y al más exquisito erotismo. Una musa representada en óleos, grabados, fotografías y hasta películas. Así, llevó a cabo un dibujo a lapiz y grafito para el libro de poemas de Paul Verlaine Parallélement, concretamente el que aparece en su página 100, para el que utilizó una fotografía tomada por el mismo; Bonnard, con su flamante Kodak, fotografió en muchas ocasiones a María en su apartamento parisino de la calle Douai.

De éste mismo cuadro, la indolente, se conocen un estudio previo de 1897-98 y una obra completa de 1898

Bonnard ilustró toda la obra mencionada de Verlaine, normalmente a base de  impresiones color sanguina; una de ellas representa a María en una posición casi idéntica a la de la obra que estamos viendo, concretamente la que aparece ilustrando el poema titulado Seguidille. Aunque quizá no lo podais apreciar bién, el pintor cubrió parcialmente el sexo de María, puede que por tratarse de una publicación de larga tirada.
La indolente que estamos viendo no contiene ninguno de estos pequeños disimulos, mostrando una mujer en total intimidad, relajada y plena de vida, iluminada por una luz tardía que le da todavía mayor laxitud y placided. Bonnard juega con las líneas sinuosas en las rugosidades de las sábanas y en los contornos exhuberantes de su querida Martha, y, desde ese punto de vista alto, aplana los volúmenes y desdibuja otra vez los contornos.

martes, 21 de junio de 2016

pierre bonnard - almuerzo bajo la lampara 1898


a pesar de integrarse en el grupo de los llamados por sí mismos "nabis", palabra derivada de la hebrea nebiim, profeta, no reflejó casi nunca en su producción artística el lado espiritual y simbolista, a la manera de Gauguin, que impregnó éste movimiento sino aquel otro más doméstico e intimista. Eso sí, abandonó en general los escenarios tridimensionales y el colorido natural en sus sombras y luces, siendo estas últimas muchas veces forzadas y actuando siempre en aras del color, el color al servicio de los sentimientos que el artista quiere reflejar en su obra; toda la obra de Bonnard está marcada por ésta intención. 

Siguiendo con la pauta que vimos en la entrada anterior, el gran jardín, nos ofrece en esta otra obra, ya cercano el final de siglo, una escena familiar absolutamente secilla y cotidiana, repetida en miles de hogares: la hora de la cena. Bonnard establece dos únicos planos, uno, el del fondo, iluminado por una lámpara visible, mientras el de delante queda en claro contraluz, ambos de líneas desdibujadas y formas difusas qué contribuyen a remarcar la intimidad del momento. Aparece ese tono anaranjado que repetirá en muchas otras obras e irá intensificando poco a poco.
La pequeña cabeza de la niña, al situarla en el centro geométrico de la escena,resaltando de la negrura del fondo, da unidad y centra toda la composición. Pese a su máxima sencillez, el resultado es brillante y cargado de ternura.