lunes, 24 de marzo de 2014

salvador dalí - osificación matinal del ciprés 1934


 el 14 de Noviembre del año 1934, año de la creación de ésta obra, llegó Dalí a Nueva York acompañado de su esposa Gala, invitados por el marchante  Julien Levy, propietario de la galería de arte de su nombre.
Iba a inagurar la que sería su tercera exposición en aquella ciudad y empezaba a ser conocido en sus ambientes artísticos. Así, los visitantes de la Feria Mundial de Chicago de 1933 habían podido contemplar su obra La persistencia de la memoria, sus famosos relojes blandos, que hemos visto anteriormente, y, sobre todo, Retrato de gala con dos costillas de cordero en equilibrio sobre su hombro del año 1933 había causado verdadera expectación, y no solamente en la prensa especializada. Levy se convertiría en su principal promotor en aquel país de forma que hasta 1941 le procuró nada menos que seis exposiciones individuales.

Cuando el pintor llegó ese año a la ciudad norteamericana ya había enviado una buena cantidad de cuadros, dibujos y grabados y a su obra se había hecho referencia en muchas conferencias sobre el movimiento surrealista que comenzaba a hacer mella en los círculos mas progresistas.
En definitiva no era ni mucho menos un desconocido.
Volvamos ahora atrás unos cuantos años en la vida de Dalí para verle en dos momentos relacionados con dos de los objetos que aparecen en el cuadro: el caballo magnífico, blanco y poderoso, alzándose hacia la infinitud del cielo y el ciprés del que emerge. Relacionado con el primero, traemos un pequeño episodio de su infancia por boca de su hermana Ana María:

Mi hermano decía siempre que quería ser Napoleón. Un día que íbamos de excursión a la ermita de San Sebastián, estaba tan rendido que ya no podía ni andar. Tieta le hizo un gorro de papel y, poniéndoselo en la cabeza, le dijo que ya era Napoleón. Inmediatamente se espabiló. Montado en una caña a modo de caballo, subió, animoso, la empinada cuesta que lleva a la ermita.
Cuando desfallecía, bastaba que Tieta imitase el redoble de los tambores para que Salvador, montado en su Pegaso, que en aquel momento era un vulgar trozo de caña, subiera galopando hasta la misma ermita, a pesar de la intensa fatiga que indudablemente sentía. Y a lo más alto llegó sin caer del caballo   alado  que  con  tanta  propiedad   representaba  a  su férti l   imaginación.

Ahora   podemos  ver  a  Dalí   niño sentado en  su clase de  Els Fossos  distraído  mirando  a  la  ventana  a  través  de  la  cual  se  pueden  ver dos cipreses. Será  una  de sus  imágenes  constantes  en  esos  años. En sus  andanzas  por los caminos del Ampurdán   siempre  lo acompañarán  estos  esbeltos  árboles  que  constituían  una  magnífica  barrera  contra   los vientos,  tan   frecuentes en ésta comarca. La   introducción   de  éste  árbol  es constante   a  lo  largo   de  toda  su  producción;  aparte   de   estas consideraciones  deben   tenerse  en  cuenta    las  magníficas  cualidades  no  solo   simbólicas , el más allá,   la muerte,  lo eterno,  la ascensión  espiritual,  sino  también  puramente  pictóricas  al  tratarse  de un  elemento  vertical  estabilizante  en cualquier obra  y enormemente sugestivo  y  perturbador.
El que Dalí incluya un caballo, aún sin ser alado como Pegaso, emergiendo libre y poderoso del interior de uno de sus cipreses, puede ser interpretado como la liberación de algo verdaderamente opresivo , tal vez alguno de sus antiguos traumas , tal vez su propio padre. Pero aquí Dalí, una vez más vuelve a dejar a un lado cualquier representación convencional, como sería hacer emerger un animal vivo, veloz y heroico, tal y como , influido por Odile Redon    ó    Frederik  Leightonharía cualquier artista surrealista de su época, y congela toda la acción tal y como nos indica desde el mismo título de la obra : osificación matinal. El árbol mítico de su niñez  florece al aire cristalino de la mañana ampurdanesa en forma de caballo de hueso que rompe la negra coraza arbórea ,se detiene frío y deslumbrante y ahí queda. No puede haber forma más sutil de tratar el tema.
Y, por supuesto, nuestro pintor acompaña éste bellísimo hallazgo con una delicadeza y virtuosismo en el empleo del pincel extraordinarios ,lo cual desde luego no es nuevo en su ya extensa obra.

Por último , y como tercer elemento, aparecen las nubes dalinianas, nubes engrosando, creciendo amenazantes, cúmulos tan familiares para él y para cualquier ampurdanés, dada la característica y explosiva metereología de éste extremo de la península.


salvador dalí - el angelus 1932



resulta difícil imaginar para cualquier persona corriente, cualquiera de nosotros, otra lectura diferente a la que directamente representa el famoso pintor francés Francois Millet en su obra del mismo nombre, el Angelus:  dos campesinos entregados con devoción al rezo en una pausa en sus labores cotidianas. Nada más simple. El cuadro, que podeis admirar en el Museo de Orsay de París, es relativamente pequeño, 66x55 cms, y de él se han hecho  infinitas representaciones de todo tipo.
Sin embargo a Dalí le turbó. Una de estas representaciones  colgaba de una de las salas de la escuela de Figueras a la que asistía de niño, pero, según cuenta el mismo pintor, fué tras la agresión que recibió la obra por parte de un demente en agosto de 1932, quién acuchilló la tela con saña, cuando el pintor , casi sin venir a cuento, son palabras de Dalí, se vió sorprendido por su imagen "sin ningún recuerdo próximo ni asociación consciente que permitan una explicación inmediata". A partir de ahí el de Figueras llegó a la conclusión de que esa escena tan ingenua y aparentemente apacible encerraba con toda certeza un significado oculto muy lejos de su sencilla candidez.

-un tanto retorcido, ¿no cree usted?-

Pues no se que decirle, la cosa no es tan rara ni tan infrecuente. No le ha ocurrido algunas veces el sentirse obsesionado o conmovido por una forma ó un objeto qué, sin saber porqué, le transmite algo relacionado con su propio estado anímico, objeto unas veces trivial , cotidiano y hasta familiar, y otras espontáneo y novedoso. Lo mismo ocurre con escenarios, lugares, ambientes, olores, sin entrar ya en el terreno musical ó plástico, donde podemos hablar ya de asociaciones contínuas con nuestro subsconciente más profundo. Pero sin profundizar aquí en esta faceta tan maravillosa de la personalidad humana, un simple pañuelo de mujer caído en la calle ó la fachada de esa o la otra casa por la que pasamos habitualmente, nos remueve algo dentro siempre que se nos presenta y siempre nos lleva a la misma sensación interior, el hecho es que tales sensaciones son de lo más corriente en mayor ó menor grado en casi todos nosotros.
Así pues no es de extrañar esta motivación de Dalí por la obra en cuestión, máxime cuando es habitual este hecho en toda su vida y su obra.  Y, en éste caso, como en los otros, el pintor percibe una imágen de la obra de Millet modificada por su propio mundo interior, qué le sobrecoge y desconcierta :

 “Esa imagen constituye una representación visual muy nítida y en colores. Es casi instantánea y no da lugar a otras imágenes. Yo siento una gran impresión, un gran trastorno porque, aunque en mi visión de la mencionada imagen todo “corresponde” con exactitud a las reproducciones que conozco del cuadro, ésta se me “aparece” absolutamente modificada y cargada de tal intencionalidad latente que ‘El Ángelus’ de Millet se convierte “de súbito” para mí en la obra pictórica más turbadora, la más enigmática, la más densa, la más rica en pensamientos inconscientes que jamás ha existido”.

En esta exposición hay una sala, la número 5, dedicada a el Angelus, donde se pueden contemplar también  Angelus arquitectónico de Millet  de 1933 y el Angelus de Gala del año 1935. Contrariamente a lo que ocurre con otros pintores, con Dalí podemos encontrar su propia explicación del contenido ó la génesis de muchas de su obras, y, en el cuadro que nos ocupa, este es el caso. En efecto, el pintor ampurdanés nos dejó un texto dedicado de forma entera a este tema , El mito trágico de El Ángelus de Millet, publicación cuyo manuscrito se perdió en 1941 cuando Dalí abandonó precipitadamente la ciudad francesa de Arcachón durante la ocupación alemana y que afortunadamente reapareció en 1963. En este estudio concienzudo explica su famoso método paranoico-crítico, analiza el papel de la mujer castradora en el arte en general y finalmente todo lo lleva al análisis de la obra de Millet.

La lectura de esta obra, una de las más brillantes escritas por el pintor, es definitiva para intentar entender no solo el cuadro que nos trae, sino todo el método paranoico - crítico que aplicaba éste para la revelación de objetos y su integración inmediata en sus obras. Os aconsejo leer especialmente desde la página 61, donde se encuentra el primer aspecto que analiza, los atavismos del crepúsculo, al que le siguen muchas otras consideraciones más o menos claras pero todas ellas profundamente complementadas con vivencias y situaciones íntimas de la niñez y juventud del pintor descritas con todo detalle y  sinceridad, en definitiva, un texto vital para entender a Dalí.




lunes, 10 de marzo de 2014

salvador dali - la persistencia de la memoria 1931




Port Lligat era un enclave formado por algunas casas de  pescadores establecidos frente a una de las numerosas ensenadas que se suceden a lo largo de la costa según ésta se aproxima al vértice mas oriental del litoral mediterráneo español, el cabo de Creus. El lugar esta muy próximo a Cadaqués, es la siguiente cala, y fué el lugar escogido por Dalí para establecerse de forma independiente una vez  rompió definitivamente con su familia y comenzó su nueva vida con Gala. Allí alquiló una pequeña casita, en algunos sitios se habla de cabaña, y siguió su andadura como pintor surrealista.

Hoy os recomiendo que visiteis la cabaña en cuestión qué encontrareis convertida en casa-museo: entrareis en un mundo alucinante, el  mundo interior daliniano proyectado hacia afuera y decantado en una exhuberante e interminable sucesión de objetos de todo tipo que llenan sus innumerables estancias y que no son más que reflejo de lo sucedido en la vida de Dalí-Gala durante el tiempo que la habitaron, exactamente hasta la muerte de ella el año 1982. Totalmente enamorado del paisaje circundante y sobre todo del mar, el pintor y su esposa fueron ampliando la casa a medida que sus posibilidades económicas fueron creciendo hasta convertirla en una intrincada y sorprendente mansión repleta de rincones donde, cualquiera, con gusto se perdería. Allí recibían a sus cada vez más numerosos amigos y admiradores, a los medios, se amaban y sobre todas las cosas, soñaban y pintaban. Sí, quién pintaba era Dalí, por supuesto, e infatigablemente, pero digo pintaban porque Gala fué a partir del primer momento, su musa , su crítica, su marchante y su admiradora.

El año 1931, dos después de la realización de su famoso Rostro del gran masturbador, vuelve a reproducir en la obra que vemos, la persistencia de la memoria, esa imagen un tanto extraña con forma de cabeza dormida que contiene un enorme ojo de largas pestañas y una nariz posiblemente daliniana. Si en la primera de las obras se desprenden de éste una serie de elementos simbólicos como la odiada langosta, las hormigas atraídas por la pobredumbre y la decrepitud, la fiera repleta de miedos sexuales ó la mitad del hombre exponiendo su sexo a la cálida ternura femenina, en la segunda aparece sereno y apaciblemente libre de cualquier inquietud psiquica que le pueda perturbar. ¿se está refiriendo a él mismo?. Hay otro cuadro del mismo título del año 1930, el gran masturbador, qué también contiene esa figura.

-oiga, no se vaya por las ramas ; lo que queremos saber es lo que significan los relojes blandos-

Tiene razón, si por algo es famosísimo este cuadro, no es por su bello paisaje de Port Lligat, con el que hemos comenzado éste comentario, ni por su luz dorada, ni por la cabeza deforme, sino por los relojes, ó mejor, por los relojes blandos. Pués bién, mejor que arriesgarnos a buscar una explicación dentro de la intrincada visión surrealista del pintor, es preferible traer aquí lo que el mismo Dalí dice al respecto :

 «Al terminar la cena tomamos un camembert muy blando -explica Dalí- y, cuando se marcharon todos, me quedé largo rato en la mesa, pensando en los problemas filosóficos de lo "superblando" que el queso me planteaba. Me levanté para ir a mi estudio, donde encendí la luz para dar una última mirada, como tengo por costumbre, al cuadro que estaba pintando. Esta pintura representaba un paisaje cercano a Port Lligat, cuyas rocas estaban iluminadas por un transparente y melancólico crepúsculo; en el primer término había un olivo con las ramas cortadas y sin hojas. Sabía que la atmósfera que había logrado crear con este paisaje había de servir de marco a alguna idea, a alguna sorprendente imagen; pero no tenía ni idea de cuál sería. Me disponía a apagar la luz, cuando instantáneamente "vi" la solución: dos relojes blandos, uno de ellos colgando lastimosamente de las ramas del olivo. Aunque me atormentaba un terrible dolor de cabeza, preparé afanosamente mi paleta y me puse a trabajar.» 

Y no aclara para nada su verdadero significado. Hay quién ha asociado la blandura de los relojes con las el queso camembert de marras, pero si le sirvió  ó no éste para imaginar de pronto los relojes doblándose con su nueva materialidad, no lo sabremos nunca. Es muy sincero Dalí cuando dice estar esperando algo, una idea, !una sorprendente imagen! para que la obra no se quede en un simple paisaje sin ninguna intención. Dalí, como siempre, ó mejor, como haría cualquier artista del grupo de los surrealistas, trata de sorprendernos con algo inesperado. Cuando volvieron esa noche sus amigos con Gala, ya había acabado el cuadro y nos imaginamos que iría pensando significados ó posibles formas de leerlo, seguramente varias diferentes, durante su rápida ejecución. Más aún, el mismo decía a menudo que es el espectador del cuadro el que debe encontrar su propio significado, el que más le convenga ó el que encuentre mas plausible. 

-¿entonces...?-

Entonces, la cosa se queda así, lo siento. Hay otro cuadro del año 1930 llamado  prematura osificación de la estación de ferrocarril en el que aparece el reloj de la estación también blando ó al menos deformado y, sorprendentemente, con la misma hora, las 18.55, que uno de los del cuadro que nos trae. ¿es una casualidad?. No lo sabemos, el caso es que los relojes prácticamente desaparecen en adelante en la obra daliniana, pero en Reloj blando en el momento de la primera explosión , ya del año 1954, !vuelve a aparecer ésta misma hora!.........  Para su consuelo le ofrezco algunas soluciones al enigma sacadas de la multitud de comentarios existentes sobre esta enigmática obra : 
-la fugacidad del tiempo

-la diferencia entre el tiempo real, el que miden los relojes y que es con el que funcionamos desgraciadamente y que el pintor degenera y dobla porque no le gusta, y el tiempo imaginario, el psíquico, el que nos lleva hacia atrás en los recuerdos y hacia delante con nuestras inquietudes ó esperanzas, tiempo totalmente ágil y delicioso, el tiempo que aparece en nuestros sueños intemporales y que nos hace momentáneamente libres y felices.

-la relatividad del tiempo, siguiendo la teoría de Einstein 

-la obsesión del propio Dalí por el paso del tiempo, que contínuamente esta simbolizando en sus obras.

Yo, particularmente, me quedo con la segunda.