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lunes, 16 de diciembre de 2013

vincent van gogh - hospital de saint remy 1889


al comenzar el otoño del intenso año 1888, Van Gogh vislumbró alguna mejora en sus necesidades primarias al recibir una cantidad de dinero, a raíz del fallecimiento de su acomodado tío Cent, y gracias de nuevo al buén corazón de su hermano Theo. Esto le permitió hacer realidad el sueño de tener su propio aposento amueblado y con un cierto grado de confort ; hasta entonces no había podido ser así, de modo que ahora ya podía cumplir su segunga gran ilusión: formar una verdadera escuela de pintura ó comunidad de artistas en torno a un ideal común y que tuviera la entidad suficiente para ir pasando a las siguientes generaciones para bién del arte y ,sobre todo, de la misma humanidad.
Y, condición indispensable, a la cabeza de estos artistas debería estar su amigo Gauguin. Así pues era menester que éste se incorporara de forma inmediata a la nueva comunidad, cosa que, en efecto hizo al fín tras una espera llena de ilusiones y excitación. Pero los meses de convivencia no supusieron ni para el uno ni para el otro ninguna satisfación y todo el proyecto se vino abajo. Choque de dos caracteres extremadamente fuertes e independientes, aún cuando Vincent se sometió en cierto modo a las directrices pictóricas de Gauguin y si no, ver ésta obra, recuerdo del jardín en Etten, del mes de noviembre, que podría ser perfectamente de Paul. Empero, de esta etapa nos han dejado ambos su brillante serie de vistas de la necrópolis romana de Alyscamps:
 

-les Alyscamps, Paul Gaugain 1888
-les Alyscamps, hojas de otoño cayendo, Vincent Van Gogh

La noche anterior a la Nochebuena de ese año y en plena fase de desentendimiento entre los dos artistas, Van Gogh se corta su famosa oreja, más bién un apéndice de la misma, y, a partir de ahí sus paranoias y depresiones van siendo cada vez más frecuentes y tras varias hospitalizaciones, algunas verdaderamente preventivas, acaba en Mayo de 1889 marchando voluntariamente a un manicomio: el Asilo de Saint-Paul de Mausole en Saint Remy al norte de Arles, donde encuentra la paz de un monasterio y el sosiego que necesita su manifiesta y consciente locura. Y, todavía con mayor dedicación que en Arlés, se dedica infatigablemente a pintar.

Aquí pasa de la utopía amable y colorida de Arlés a la deformación ó verdadera dislocación de las formas, llevando la pintura a un extremismo casi brutal mediante pinceladas más que curvas, retorcidas, como entregado a una verdadera lucha emocional que pueda contrarrestar su encierro y su locura, ó quizá conscientemente, evidenciarlos. Los primeros meses se limita a pintar exclusivamente la finca del antiguo convento agustino y sus aposentos interiores, y a ésta etapa pertenece esta vista de su fachada a través de esos enormes árboles que cubren todo el cuadro y empequeñecen las tristes figuras de sus compañeros de retiro. El mismo alude a ello en una de sus cartas:
 “También tengo dos vistas del jardín y del manicomio, en las que este lugar parece apacible. Traté de reconstruir el sitio, simplificando y acentuando el carácter altivo de los pinos y de los cedros sobre el azul. “
 Como se puede observar, ademas de las formas, el color ha vuelto a perder la intensidad de las obras del anterior período, pero de ningún modo su expresividad. En otra de las cartas a su hermano dice:
 “Desde que entré aquí, los desiertos jardines con esos altos pinos y la hierba que crece salvaje junto a la maleza, me han bastado para mi trabajo y no he salido afuera.”
y Theo a su vez le escribiría: 

 “Hay una fuerza en los colores que no habías conseguido antes… Has llevado todo al límite, se percibe el vértigo.”
En fín, a pesar de los altibajos a causa de recaidas en su estado mental, fué éste un período clave en la evolución de su pintura y de la pintura en general, pues estaba dando los primeros pasos en lo que más adelante se entendió como pintura expresionista. Van Gogh pintó repetidamente los jardines que rodeaban la edificación.  Del otoño de ese año traigo aquí tres obras más de ellos, todas plenas de vigor y fuerza contenida: 


-jardín del hospital de Saint-Paul  1889

-jardín de Saint-Paul en Saint Remy  1889
-árboles en el jardín del asilo  1889

En Mayo de 1890 abandonó el manicomio y marchó a París y dos meses después se pegó un tiro muriendo a los dos días cuando contaba 37 años . Solo en los últimos treinta meses había realizado 500 obras, la gran mayoría de altísimo nivel. Si quereis conocer algunos detalles de primera mano de su muerte, ver la siguiente página debida al profesor A. González García a quién damos las gracias de antemano por su magnífico trabajo sobre Van Gogh:


 http://www.aloj.us.es/galba/MONOGRAFICOS/VAN%20GOGH/muerte.htm

viernes, 13 de diciembre de 2013

vincent van gogh - paisaje bajo un cielo agitado 1889



en el año 1886 los llamados impresionistas expusieron juntos por última vez mientras ya se estaban desarrolando una serie de tendencias que iban más allá de los principios que habían generado éste movimiento. El propio Van Gogh estaba introduciendo un componente mucho más personal en todas sus obras, que anticipaba ya las grandes tranformaciones que desembocarían , ya en el siguiente siglo xx, en el expresionismo, el fauvismo y en el cubismo. Por eso hablamos en la entrada anterior de él como maestro de muchos aristas posteriores. A esta última etapa del Impresionismo se le ha dado en llamar Posimpresionismo y agrupó pintores de la talla de Seurat, Gauguin, Degas, Toulouse-Lautrec, el mismo Van Gogh y Cézanne. Continúan utilizando colores vivos y pinceladas perfectamente visibles pero tratan de transmitir algo más de expresión y emoción en sus obras, y, por supuesto, no se limitaron ya al paisaje en sí, sino a asuntos más implicados en la vida real y en la propia visión subjetiva de cada artista.

De cualquier forma, Vincent continuó hasta el final de su corta vida pintando al aire libre paisajes llenos de luz y empleando unos colores personalísimos y en consonancia con su cambiante estado de ánimo. La evolución del color, sin abordar el cambio en el tipo de pincelada, es una característica que se puede seguir con bastante nitidez a lo largo de la vida de éste artista verdaderamente experimental. Para ello he preparado una serie de paisajes en orden cronológico, procurando resaltar esta peculiaridad, y los he agrupado en el siguiente video :


el color en la obra de Van Gogh

miércoles, 11 de diciembre de 2013

vincent van gogh - los descargadores en arlés 1888

 
bueno, aquí tenemos a Vincent Van Gogh, al que por fuerza lo teníamos que encontrar en esta Exposición, pués no en vano, Vincent fué uno de los pintores que más trabajó al aire libre y qué, como Monet, más insistió en la necesidad de salir a encontrarse con lo natural. Especialmente en éste casi último tramo de su agitada vida, fué una perentoria necesidad que le tenía de sol a sol recorriendo toda la campiña de Arlés en busca de motivos para sus obras. Dicho así parece que estamos hablando de la actividad de un pintor más o menos entusiasta del paisaje, plácidamente enfrascado disfrutando de su hobby favorito, pero, nada más lejos de la realidad.

Van Gogh fué un ser atormentado desde su mediana edad, obligado por si mismo a triunfar de un modo u otro, y qué, afortunadamente para todos los que hoy podemos ver su extensísima obra, se fué decantando hacia la pintura como medio de ganarse la vida y sobre todo de encontrar un estado utópico de paz y serenidad de espíritu. Su mano no pintaba impresiones externas a la manera de Monet, aunque lo parezca en muchos de sus cuadros, sino algo mucho más complicado: conmovido por los colores, y, por supuesto por la belleza de la naturaleza,  los incorporaba al lienzo tras transitar por su complicada personalidad, llena de recodos angostos y correosos unas veces y suaves y llenos de luz otras, y por los filtros de su genuína formación cultural y espiritual . Puede que durante muchos de los meses de su estancia en ésta localidad del mediodía francés, fuesen más frecuentes los que siguieron el segundo proceso, pués de la enorme cantidad de obras de todo tipo que realizó entre febrero y octubre de ese año, 1888, la mayoría son alegres y llenas de colores calientes y vivísimos. Y, lo más impotante quizá, muchísimas son obras maestras...!verdaderas obras maestras, sí, de lo mejor que tenemos hoy en los Museos, pintadas en sucesión, una detrás de otra !. Joyas salidas de las manos de un pintor ignorado, prácticamente desconocido, que podía comer gracias a su hermano Theo, en busca de una forma de expresarse pura, auténtica y definitiva, pero roto por dentro y sin apenas esperanza de encontrarla, ni siquiera de saber quién era en el mundo artístico del momento.

un pintor, por otro lado, que nos lo ha contado todo, no solo sus estados emocionales sino sus logros y progresos artísticos, sus intenciones, su técnica, sus luchas, ilusiones y miedos. Si teneis ocasión, ó quereis conocer más a fondo la vida y la obra de éste genio holandés, leer sus Cartas a Theo, que no és como sabeis ,un libro, sino una serie larguísima de cartas cruzadas entre ambos hermanos durante toda su vida. Theo, en efecto, fué su mantenedor, marchante y confesor ó confidente, y quizás sin él no veríamos hoy ninguna de las obras de Vincent.

Seguiremos hablando de éste período de la vida del maestro, y ,espero acordarme de la palabra maestro entonces, en las dos siguientes entradas.
Hablemos ahora de ésta pintura, propiedad del Museo Thyssen de Madrid. Bueno, es una más de las obras de Arles de aquél verano fructífero del 88 y el propio pintor habla de ella en una de sus cartas:

   «He visto un efecto magnífico y muy extraño, esta tarde .Una barca muy grande cargada de carbón en el Ródano y amarrada al muelle. Vista desde lo alto, estaba toda luciente y húmeda por un chubasco; el agua era de un blanco amarillento y gris perla turbio; el cielo, lila y una faja anaranjada al poniente; la ciudad violeta. En la barca, pequeños obreros azules y blancos iban y venían llevando la carga a tierra. Era un Hokusai puro».

como veis, Van Gogh le describe con el máximo detalle a su hermano los colores que le han impresionado, eran comentarios muy frecuentes en estas epístolas, pero también la escena, y de sus palabras parece que se desprende cierto afecto por el trabajo de los pequeños obreros. Por otro lado lo que más define la etapa artística en la que se encontraba Vincent, es la última observación : era un Hokusai puro. En efecto, en aquel momento lo que más buscaba en Arlés era encontrarse allí con el país del Sol naciente y su forma de sentir el arte y la vida a través de éste. Prueba de ello, aparte del comentario, es la gran cantidad de paisajes de árboles al más puro estilo japonés que realizó en estos meses. El arte que conmovía a Van Gogh llevaba la naturaleza y su evolución a través de la sucesión de sus estaciones al interior de las casas, y éstas lo exhibían de acuerdo con éstos ciclos periódicos, de manera que en todo momento percibían y sentían la comunión con el mundo natural : sus flores, sus árboles, sus nieves, .....Van Gogh lo tomó como guía ya desde París a través de los numerosísimos grabados entonces de moda, y lo reencontró de forma natural en la Provenza llena de frutales en flor y de estampas orientales en cada rincón que visitaba. Era como transportarse a un paraíso ideal lleno de paz y armonía.

He encontrado ésta página del artista japonés mencionado, Katsushika Hokusai,  que demuestra hasta que punto la línea y el tipo de grabado sereno y sencillo de sus obras aparece reflejado en muchísimos de los paisajes pintados por Vincent durante éste año y posteriormente.  Ved también algunas obras de Eisen Keisai (1790-1848) y Hiroshige Utagawa (1797-1858).