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sábado, 4 de marzo de 2017
pierre bonnard - desnudo en un interior 1935
En 1922 Bonnard descubrió la pequeña villa de Le Cannet en el departamento francés de los Alpes Maritimos y quedó impresionado, al igual que muchos otros pintores de la época, por la luz del mediodía y sus maravillosos colores dorados. No era, ni mucho menos, la primera vez que visitaba el sur de Francia, pués desde 1904 en que fué a ver a su amigo y pintor Edouard Vuillard, lo frecuentó casi anualmente hasta, finalmente, comprar allí una casa en propiedad. Concretamente el año 1926 adquirió una villa, le Bosquet, no demasiado espaciosa pero cuya situación elevada le proporcionaba una gran panorámica sobre el mar y la costa de este lugar de ensueño. Allí se trasladó definitivamente al año siguiente, tras contraer matrimonio con Marthe, y allí pasaron ambos el resto de su vida. Ella hasta 1942, año de su muerte y el pintor tan solo cinco años más, hasta 1947. Marthe le dejó solo y abatido en plena ocupación alemana y él sobrevivió a la II Gran Guerra tan solo dos años.
Fueron pués veinte años de intensa actividad artística pero también de intimidad y aislamiento. Como vimos en la entrada anterior, la enfermedad de Marthe le llevó a desarrollar un casi obsesivo afán por el desnudo femenino, siempre basándose en el de ella, pero envolviéndolo cada vez más intensamente en la espléndida luminosidad y colorido que bañaban el paisaje meridional hasta llegar en algunos a un auténtico paroxismo de luz y color. Empero, Bonnard no se limitó en sus obras de aquellos años a la figura y así llevó a cabo una gran cantidad representando paisajes de los alrededores y vistas de la propia casa, tanto exteriores como interiores.
De estos paisajes os traigo aquí uno de los más maravillosos que salieron de su paleta, Vue-du-Cannet, realizado en los primeros años de su estancia en ésta villa, el año 1927. Puede servir muy bién de colofón a esta exposición que hemos estado comentando y qué ,gracias a la Fundación Mapfre, hemos tenido la ocasión de admirar en Madrid. Bonnard tuvo la suerte y el mérito de ver en vida recompensada su genial labor arística. Hoy, sin ningún género de dudas, se cuenta entre uno de los más independientes y originales pintores de las vanguardias del pasado siglo XX.
viernes, 17 de febrero de 2017
pierre bonnard - el aseo-desnudo ante el espejo 1931
Bonnard indudablemente tuvo una modelo incuestionable, Marthe, su mujer,tal vez por ser la figura más a su alcance, tal vez por gusto. Lo cierto es que llevó a cabo casi cuatrocientas obras en las que aparece sola, las más, ó acompañada y en un alto porcentaje, desnuda. En la fecha de la realización de ésta obra, 1931, aún le quedaban 11 largos años de convivencia con ella, once años de convivencia casi constante y , en cierto modo, obligada, pués Marthe era una mujer de salud delicada. Una enfermedad de la piel muy incómoda que la producía grandes molestias fué poco a poco ganando terreno y su único alivio al parecer consistía en meterse en la bañera. Y el pintor llenaba sus lienzos con lo que tenía a mano y al mismo tiempo permanecía acompañando a su mujer, quién, con el tiempo, transformó esta necesidad física en un verdadero ritual y , no hay más que verlo, incluyó a su marido entre los elementos que lo daban forma.
Bonnard en este punto, como muchos otros pintores, idealizó la figura de Marthe paralizando su edad. Leer si quereis la entrada de éste blog en la exposición sobre Edward Hopper, sol de mañana, obra del año 1952, donde se habla de ésta misma benevolencia del famoso pintor estadounidense.
En mucho mayor grado nuestro artista juega con esta falsa pariencia cronológica y con ello lucha en cierto modo con la progresiva decrepitud de la enferma. En todas las figuras desnudas de Marthe que podemos encontrar, aparece la misma muchacha, en algunas casi una niña, un verdadero símbolo de la eterna juventud. Una de las páginas de la web en la que más obras y ,en concreto, más desnudos de la Boursin podeis encontrar es Pinterest. Visitarla y si es requisito, os aconsejo que os deis de alta en la página, es rápido y gratuito.
Pues bién, contemplando tantos desnudos de nuestra modelo vereis de lo que estoy hablando, es realmente asombroso verla pasar como una diosa eterna por esos largos diecisiete años. Bonnard a este respecto habla "del poder regenerador de la luz" como si los efectos luminosos de la pincelda mantuvieran intacto el cuerpo de la mujer y alargaran su juventud triunfante frente a la propia edad y sobre todo, frente a la dura enfermedad que le tocó sobrellevar.
Antes citamos a Hopper a propósito de ésta circunstancia pero habría que hablar también de Chagall y su eterna novia, Bella, sobrevolando los cielos, incluso después de su muerte, ó del propio Rubens con la eternamente jóven Isabela Brant, su primera mujer, siempre que la llevara a los lienzos representando a la Virgen María y no en los múltiples retratos en los que sí se puede apreciar el paso del tiempo.
La mayoría de los desnudos de Marthe de los que estamos hablando fueron realizados trás sus correspondientes bocetos ó, en muchos casos, auxiliándose de la fotografía, de la que era un ferviente y apasionado aficionado. El boceto fué para Bonnard esencial en el desarrollo de su obra y sus cuadernos de apuntes, que siempre le acompañaron, están repletos de ellos. Una gran exposición, solo de éstos, nos haría comprender hasta que punto fué como decimos. Tras la primera impresión, el boceto ó bocetos y a través de ellos, ya en el estudio, un profundo ejercicio de memoria y recreacción personal e íntima y tras concebir el nuevo objeto que va a ser, suma de sentimiento interior y recuerdos, todo se traslada al lienzo en forma de pinceladas puras y plenas de luz y color : la forma pasa a través del corazón y se esparce delicadamente en la obra de forma definitiva, Marthe ante el espejo. Fijaos en su piel, cuantos colores podeis observar y cuantas manchas conforman las diferentes zonas de luz y sombras; pasar vuestra mirada de abajo a arriba a través de su cuerpo y deleitaros con la disposición en que Bonnard ha ido aplicando el color conformado ese bellísimo y delicioso entramado.
miércoles, 8 de febrero de 2017
pierre bonnard - la table 1925
Estamos ahora frente a la primera obra de Bonnard que pasó a formar parte de la Tate Gallery de Londres al año siguiente de su ejecución, en 1926. Dos años antes, el acaudalado magnate textil y gran coleccionista de obras de arte Samuel Courtland destinó nada menos que la suma de 50.000 libras para la adquisición de obras de marcado carácter impresionista ó post-impresionista, las cuales pasarían directamente a formar parte de los fondos de la National Gallery y de la Tate Gallery de Londres. Magnífico gesto de un hombre apasionado hasta el extremo por el arte y, desde su encuentro con la pintura francesa del momento en la exposición llevada a cabo en el Burlington Fine Arts Club, con los abanderados de estos movimientos del otro lado del canal. Así, obras como los melocotoneros en flor de Van Gogh, El Bar del Folies-Bergère de Manet ó una de las famosas Montañas de la Victoria de Cezanne, entraron a formar parte de éste lote, del qué, como hemos indicado, formaba parte también la Table de Bonnard, un Bonnard ya por entonces conocido y valorado por artistas como Matisse y Signac, aún cuando tuviese detractores, algunos del calibre de Picasso, pintor que nunca le comprendió, quizá por poseer sensibilidades totalmente opuestas.
El genial malagueño consideró a nuestro pintor como un perfecto "indeciso" y de éste modo le tachó , permitirme la palabra, para siempre. Así, escribió de él:
....no es pintura lo que hace. Nunca va más alla de su propia sensibilidad. No sabe como escoger. Cuando pinta, por ejemplo, un cielo, quizá lo pinta primeramente azul, más ó menos como lo vé. Pero se fija después algo más y vé que lleva algo de color malva, y aplica uno ó dos toques de éste color. Pero a continuacíón detecta que el azul es algo rosa, sí, lleva rosa, así pués no hay ninguna razón para no añadir algo de rosa. El resultado es un potpurri de indecisión. Si sigue mirando añadirá también amarillo....en lugar de decidir inicialmente que color tiene realmente. La pintura no se hace de ésta manera. La pintura no es cuestión de sensibilidad, es cuestión de aprovechar el poder de la naturaleza, estar por encima de ella, no esperar que nos suministre información y buenos consejos.......
-y digame, usted con cual va?.
-Pués mire, yo no soy ningún experto en el análisis exhaustivo del arte, pero la primera regla a aplicar en todos los casos al ver una obra es pasar de las posibles formas de ejecución que pueda haber tenido el pintor de marras y ajustarse al verdadero resultado final, qué es lo que realmente nos transmite el artista; si definitivamente el cielo que refiere Picasso nos aparece como una amalgama torpe de colores amontonados en el lienzo, tendría razón don Pablo, pero mucho me temo que casi nunca es así, y si no repase sus lienzos y dígame donde aparece algo que moleste ó este fuera de la armonía y belleza que en general pone en cada centímetro cuadrado de sus obras. No, viendo las obras de ambos pintores, a Picasso lo que le sacaría de quicio sin duda sería la aparentemente lenta elaboración y minuciosidad del francés derivada de su afán de exactitud y de querer plasmar la esencia de los objetos y las actitudes, el color de la manzana incorporando uno a uno todos sus matices, sombras y reflejos en toda su gama, ó las múltiples tonalidades de la nieve a la luz de la tarde......objetos todos que Picasso despacharía con colores lisos y líneas precisas, rápidas y, es verdad, acertadísimas al primer intento: aquí mando yo y decido, no me someto a nada.
El resultado, en ambos pintores, son obras llenas de fuerza y belleza, cada una por su lado, pero eso es lo mejor : la inmensa diversidad que caracteriza el mundo del arte.
Así, con ésta adquisición para la Tate, Bonnard entra en el mismo saco que los post-impresionistas, aún cuando su forma de ver la realidad le separa claramente de ellos; es un artista cada vez más independiente aún cuando se puedan ver en sus cuadros algunos parecidos e incluso formas de hacer que vemos en las obras de impresionistas y post -impresionistas coetáneos declarados. En efecto, no fué ,ni mucho menos, un pintor directo, no representaba el objeto llevándolo al lienzo según se le presentaba, tal como haría Van Gogh y muchos otros impresionistas. Todos y cada uno de los objetos que podemos ver en la table , todas las escenas cotidianas ambientadas en interiores domésticos ó en bellos exteriores de jardín e incluso sus paisajes más amplios han pasado por sus blocs de apuntes, sus estudios previos de taller y, principalmente, por su propia recreación mental, hasta ser entes arraigados y familiares dispuestos ya para su traslado a la obra. Es un artista de lenta y concienzuda elaboración que se apropia de lo cotidiano, lo hace profundamente suyo y, por fín, lo introduce en la superficie de su cuadro., no como un objeto aislado, sino entrando a formar parte de un todo armónico donde los colores y su interrelación constituyen su principal objetivo.
pierre bonnard - el descanso - muchacha con blusa roja 1920
Bonnard llevó a cabo, durante su larga relación con Marthe, más de cuatrocientos cuadros en los que aparece ésta. Relación al parecer un tanto complicada, quizás debido a su delicado estado de salud, quizás a su propia manera de ser. En efecto, se sabe qué, en su estancia en París, no era muy amiga de reuniones con colegas y amigos y llevó al pintor a una vida artística y social un tanto aislada, ó al menos reservada. Puede que estas circunstancias llevaran a Bonnard a tomar una amante, ó puede que fueran dos : hacia los años de la ejecución de éste cuadro que vemos, tuvo relaciones con Lucienne Dupuy de Frenelle, una de sus modelos, de la que se conocen varios retratos y, sobre todo, con la suiza Renée Monchaty, quién aparece en la obra que estamos viendo. Más joven que Marhe, parece ser nacida en 1890, es decir con 30 años en la fecha en la que aparece en éste cuadro, la primera ya contaba con 51, morena teñida de la que el pintor estuvo enamorado unos años, casi con seguridad a sabiendas de su mujer, puesto que trás el suicidio de Reneé, intentó convencer a su ya marido para que se deshiciera de los pocos cuadros en los que la modelo aparecía, es representada siempre por Bonnard con una mirada lánguida y sosegada como si éste ejercicio le devolviera parte de la tranquilidad que posiblemente echaba muchas veces de menos en su relación con su querida Marthe.
Pero la mujer, como el hombre, suelen ser excluxivistas y por lo tanto egoistas en el amor, y la todavía jóven Reneé, no pudo soportarlo y se suicidó el mismo año qué, por fín, la pareja Bonnard contrajo matrimonio oficial el año 1925. Por algún sitio he leído que el pintor llegó incluso a acompañar a la Monchaty a Roma con la intención de pedir su mano en la casa paterna. De la forma en que llevó a cabo la modelo su propia muerte hay multitud de versiones y también algunos biógrafos dicen que el artista cayó en una fuerte depresión tras el suceso, lo cual puede ser cierto.
Pero a la larga, como pasa con todas las cosas de la vida, lo que quedan no son las personas, ni siquiera sus recuerdos, sino las obras, sobre todo cuando éstas son buenas y, sobre todo, cuando son excelentes ó definitivas, como el invento de la rueda, la novena Sinfonía ó, simplemente, éste retrato de una chica perdida en el olvido.
pierre bonnard -el crepúsculo en fahrhaus d'uhlenhorst 1913
En 1912 Bonnard compró una pequeña casa en Normandía, región que ya
había frecuentado anteriormente en bastantes ocasiones y le atraía
enormemente. Estaba situada en la localidad de Vernon, a orillas del
Sena, y llevaba dos años alquilándola hasta que finalmente decidió
hacerla suya y la dió hasta un nombre, Ma Roulotte, esto es Mi Caravana. Allí se llevó sus bártulos y, por supuesto, a Marthe
y además compraron una pequeña barca de remo para dejarse llevar por
los meandros y las islas que se forman en esa parte del curso bajo del
río francés.
Muy pocos kilómetros separan Vernon de Giverny, lugar que había elegido otro pintor, Monet, para residencia habitual; aún siendo importante la diferencia de edad entre ambos, Bonnard 45 y Monet alcanzando ya los 77, pronto surgió entre ellos una gran amistad.
Al año siguiente Bonnard hizo un viaje a la ciudad alemana de Hamburgo acompañado de su amigo y pintor Vuillard. La ciudad del Elba era en esos años de finales del siglo XIX y principios del XX un gran polo de atracción para jóvenes pintores relacionados en mayor o menor grado con la vanguardia artística gracias a los esfuerzos de Alfred Lichtwark, gran historiador de arte y mecenas germánico, quién a través de su famosa promoción "colección de imágenes de Hamburgo", escenas de la ciudad pintadas por ellos mismos, les daba ocasión de desarollarse y llevar a cabo su obra artística, además de facilitar su encuentro con marchantes ó coleccionistas locales.
El cuadro que vemos ahora representa una escena muy popular en el Hamburgo de esos años; se trata de un conocido punto de la ciudad frente al lago Alster, muy concurrido donde se celebraban bailes, cenas ó simplemente se sentaba la gente a tomar algo y charlar. A su lado estaba el edificio del Uhlenhorster Ferry
que fué destruido durante la pasada gran guerra. También existía un atracadero para los transbordadores de recreo así como embarcaciones más pequeñas. En el cuadro de Bonnard se ven muchas barcas a remo y a vela, ya en la semipenumbra del crepúsculo, mientras el primer plano esta totalmente ocupado por la terraza espléndidamente iluminada repleta de público. Como veis, Bonnard descuida y elimina casi totalmente la línea y el detalle, limitándose a rellenar de luz este primer plano y el resultado es efectivísimo: la sensación de penumbra se ve potenciada en el lago por la luz delantera y, vicebersa, la luz se torna más intensa gracias a la oscuridad que impera en el lago.
Ver otro cuadro de Bonnard muy similar, picnic, posiblemente del mismo lugar, pero intensísimo de colores cálidos. Para mí, de lo mejores de estos años.
Muy pocos kilómetros separan Vernon de Giverny, lugar que había elegido otro pintor, Monet, para residencia habitual; aún siendo importante la diferencia de edad entre ambos, Bonnard 45 y Monet alcanzando ya los 77, pronto surgió entre ellos una gran amistad.
Al año siguiente Bonnard hizo un viaje a la ciudad alemana de Hamburgo acompañado de su amigo y pintor Vuillard. La ciudad del Elba era en esos años de finales del siglo XIX y principios del XX un gran polo de atracción para jóvenes pintores relacionados en mayor o menor grado con la vanguardia artística gracias a los esfuerzos de Alfred Lichtwark, gran historiador de arte y mecenas germánico, quién a través de su famosa promoción "colección de imágenes de Hamburgo", escenas de la ciudad pintadas por ellos mismos, les daba ocasión de desarollarse y llevar a cabo su obra artística, además de facilitar su encuentro con marchantes ó coleccionistas locales.
El cuadro que vemos ahora representa una escena muy popular en el Hamburgo de esos años; se trata de un conocido punto de la ciudad frente al lago Alster, muy concurrido donde se celebraban bailes, cenas ó simplemente se sentaba la gente a tomar algo y charlar. A su lado estaba el edificio del Uhlenhorster Ferry
que fué destruido durante la pasada gran guerra. También existía un atracadero para los transbordadores de recreo así como embarcaciones más pequeñas. En el cuadro de Bonnard se ven muchas barcas a remo y a vela, ya en la semipenumbra del crepúsculo, mientras el primer plano esta totalmente ocupado por la terraza espléndidamente iluminada repleta de público. Como veis, Bonnard descuida y elimina casi totalmente la línea y el detalle, limitándose a rellenar de luz este primer plano y el resultado es efectivísimo: la sensación de penumbra se ve potenciada en el lago por la luz delantera y, vicebersa, la luz se torna más intensa gracias a la oscuridad que impera en el lago.
Ver otro cuadro de Bonnard muy similar, picnic, posiblemente del mismo lugar, pero intensísimo de colores cálidos. Para mí, de lo mejores de estos años.
martes, 7 de febrero de 2017
pierre bonnard - el palco 1908
Importantísimos personajes, definitivos para la carrera artística de Bonnard fueron estos caballeros que vemos retratados con dos damas, sus mujeres, en un palco, aunque ,como veis, son ellas principalmente el objeto del cuadro. Se trata de los hermanos Bernheim-Jeune, Gaston y Josse, el primero aparece en pié recortado. Mathilde Adler, en primer plano, casó con su primo Josse mientras que Suzanne, hermana de ésta lo hizo con Gastón; en definitiva ,un auténtico retrato de familia, hermanas casadas con hermanos, relación no del todo infrecuente, todos conocemos algún caso.
La familia Bernheim-Jeune es originaria de Besancon donde regentaban un próspero comercio de material para el arte hacia finales del siglo XVIII. Alexandre Bernheim, nacido en 1839, amigo de Delacroix, Corot y Coubert se asentó ya en la ciudad de París, de forma definitiva en el nº25 del bulevar de la Madeleine. Y son sus hijos, los ya mencionados Josse y Gaston quienes convierten el negocio en las famosa galerías por la que va a pasar toda la vanguardia artística del momento:
en 1901 organizan la primera exposición de Van Gogh, en 1906 son Bonnard y Vuillard quienes presentan sus obras, 1907 es el año de la de Cézanne, el siguiente año nos traen a Seurat y Van Dongen, luego,1910 Matisse, Rousseau el aduanero en 1916........como veis su apoyo al movimiento impresionista y post-impresionista fué total y continuó con las siguientes generaciones de pintores hasta ahora. Concretamente, Bonnard formalizó contrato con los hermanos desde el año 1904 hasta nada menos que 1940.
Si quereis conocer detalles de la actividad artística de estos admirables marchantes franceses consultar la página extraída de la enciclopedia Larousse : the Bernheim-Jeune story
Especialmente las hermanas Adler aparecen en muchas obras de todos estos pintores de la época, pero hemos seleccionado dos del pintor Auguste Renoir representando a cada una de las hermanas, Mathilde y Suzanne.
viernes, 3 de febrero de 2017
pierre bonnard - en barca 1907
Una obra como veis dentro de los mismos parámetros que la anterior, el placer 1906-1910, mural para el comedor de Misia. Una escena idílica inmersa en un paisaje paradisíaco pleno de sensibilidad y belleza, un instante feliz y lánguido donde Bonnard una vez más representa a Marthe, esta vez con un pequeño perro en su regazo, difícil de apreciar, y dos niños. Otras personas, algunas casi etéreas siluetas, acompañan la escena y disfrutan relajadas del bello entorno.
Si nos vamos 15 años atrás y lo comparamos con Crepúsculo pintado en 1892 podreis observar el abandono de los colores planos, de la teatralidad de las estampas japonesas, de la carencia de profundidad y el uso cada vez más intenso del color y el paisaje convencional. Hemos incluido un detalle de la cabeza de Marthe para que aprecieis la riqueza de tonos que está ya empleando el pintor, el uso cada vez más pronunciado de tonos cálidos, amarillos, bermellones y naranjas alegres y optimistas, su aplicación en pinceladas pequeñas, sueltas y en muchos casos indefinidas y la carencia de contornos bién definidos.
Existen al menos dos obras más (1), (2), con Marthe en una barca, ambas también apacibles pero sin la atmósfera idílica de la que estamos viendo.
Por otro lado la familiarización de Bonnard con la fotografía se refleja en el encuadre que hace de la barca, como si hubiese tomado la escena él mismo desde su parte delantera, cortándola e introduciéndonos en la misma, cosa que no es ni mucho menos infrecuente en sus obras.
jueves, 11 de agosto de 2016
pierre bonnard - panel decorativo para el comedor de misia: Le plaisir" dit aussi "Les Jeux"(detalle) 1906-10
De la unión del escultor polaco Cyprian Godebski y de la violonchelista también polaca Zofia Servais nacía en San Petersburgo el año 1872 la pequeña María Zofia Olga que el mundo artístico de finales de siglo conocería como Misia y que habría de ser una gran pianista, la encantadora musa de los nabis y, sobre todo, una mujer de una belleza y talento adorados por los más representativos personajes de la vida social y cultural europea a muchos de los cuales apoyó, alentó y a casi todos enamoró.
-oiga, no doy crédito, de qué diosa me está hablando?
Le hablo nada menos que de la Reina de París y le cuento : creció y se educó envuelta en un mundo musical envidiable formándose como pianista bajo Gabriel Fauré y Franz Liszt; un Franz Liszt que derramó lágrimas cuando supo de su compromiso matrimonial con Thadée Natanson apenas cumplidos los 16 años. Grieg la pidió tocar juntos la suite de su Peer Gynt, Mallarme le escribió poemas, Renoir le pintó hasta siete veces, Picasso la hizo madrina de su primer hijo y Bonnard la decoró su maravilloso comedor con 4 pinturas-mural de una de las cuales estamos viendo un detalle. Pero por sus salones pasaron todos, hizo una gran amistad con muchos de ellos como Edouard Vuillard, Bonnard, Henri de Toulouse-Lautrec ó Félix Vallotton, ayudó a financiar los Ballets rusos de Diahgilev cuando estos vinieron a París y cambió de marido hasta tres veces hasta encontrar al verdadero amor de su vida, el pintor español Josep Maria Sert ya en 1920.
El primero de ellos, Thadée Natanson, a quién conoció una noche mientras estaba con Alfred Nobel, era un influyente periodista polaco editor de la publicación simbolista la Revue Blanche; Misia colaboró intensamente en su elaboración, más aún, fué el contacto a través del cual lo más selecto del mundo artístico y literario francés de esos años entró en relación con la misma. Misia fué además modelo de muchas de sus ilustraciones llevadas a cabo entre otros por Toulouse-Lautrec y Bonnard. En una palabra, nuestra bella polaca aglutinó durante los años que duró su matrimonio con Thadeé a toda esa vanguardia artística que derivaba del post-impresionismo hacia una expresión mucho más íntima y simbolista. Ambos esposos se convirtieron en marchantes, financieros y eficaces gestores.
Como anécdota, en aquellas reuniones nocturnas en casa de los Natanson, Toulouse-Lautrec gustaba de erigirse en barman de la reunión y fueron famosos sus cocktails multicolores Pousse-café, cuya elaboración la podeis encontrar fácilmente en la web.
Toda esta carísima actividad artística alrededor de la famosa Revue Blanche necesitó a la postre más financiación que Thadeé buscó en el poderoso editor del diario parisino le Matin, Alfred Edwars, propietario además del Teatro y Casino, quién, enamorado, como no, de Misia y ya su amante secreto, le exigió el divorcio a cambio, a !lo que accedió!.
Así, a primeros de 1905, Misia cambió su nombre de casada convirtiéndose en Misia Edwards. Durante el verano del siguiente año, Bonnard se embarcó con la nueva flamante pareja a borde de su yate particular para visitar Bélgica y Holanda. Ese año el pintor llevó a cabo una exposición individual de su obra en la galería Berheim-Jeune de París. Misia, por supuesto, continuó en su nueva residencia sus alegres reuniones artísticas y Maurice Ravel le dedicó su famosa composición musical la Valse.
También en ese mismo año de 1906 Misia le encargó a nuestro pintor que llevara a cabo cuatro grandes paneles para el comedor de su extravagante residencia. El trabajo estuvo acabado cuatro años más tarde y fueron expuestos en el Salón de Otoño de ese mismo año con gran éxito, ocupando finalmente su destino el día de Navidad de 1910. Los paneles son : juegos de agua-el viaje (museo d'Orsay), el placer (museo d'Orsay) del que presentamos aquí un detalle, paisaje animado de bañistas (J.P.Getty, Malibu Museum) y tras la inundación (Ikeda, Japón).
En "Le plaisir" dit aussi "Les Jeux" (el placer) y en todos los demás, Bonnard mezcla elementos cotidianos con figuras desnudas ó vestidas al estilo clásico, verdaderas ninfas que recuerdan seres mitológicos y que llenan escenarios paradisíacos llenos de frescor y felicidad y en los que vuelve a dar protagonismo al color por encima de todas las cosas, tal y como podeis apreciar en la figura que hemos destacado.
La influencia de Misia y su alta posición social le abrieron a Bonnard las puertas de otras residencias análogas y a partir de ahí le llovieron numerosos encargos para su decoración, de las que destacamos aquí el gran panel de 260 x 340 cms tituladoo el verano que llevó a cabo para la familia Hanhloser.
pierre bonnard - la tarde burguesa 1900
La escena que nos presenta el pintor en esta obra con seguridad ha llamado vuestra atención por su tremeda quietud y frialdad; nada tiene que ver con la anterior que veíamos de su mujer, la indolente , llena de pasión, de color y de fuerza expresiva. Aquí, como en Crepúsculo, se ha vuelto a parar la imagen, se ha vuelto a congelar la feliz reunión familiar, estamos otra vez ante un momento cotidiano de cualquier vida corriente, un momento lleno de una inmensa paz.
Pero si os preguntara que tipo de escena tenemos ante nuestros ojos, no vacilariais en contestarme qué nos encontramos ante un retrato, un retrato, por supuesto, familiar, y ahí entra Bonnard en esa gran tradicción pictórica que tantas grandes obras ha ofrecido a lo largo de toda la historia de la pintura, desde lo más intimo hasta los grandes retratos de familia de nobles y reyes, como las Meninas de Velázquez ó la familia de Carlos IV de Francisco de Goya. En todas, sin embargo, la estaticidad de la escena es denominador común .Cuando se trata de personas reales, con nombre y apellidos, la escena se para, exactamente igual que ocurrirá forzosamente años después con el advenimiento del retrato fotográfico. Las excepciones a esta característica son pocas, pero las hay, como la bellísima obra de Robert Braithwaite Martineau, the last day in the old home de 1862 ó las delicadas escenas familiares (1), (2) de Henri Lebasque . Hasta una familia de saltimbanquis es representada por Picasso en total quietud, sin el más mínimo asomo de gesto ó actitud que pueda descubrirnos sus habilidades. Algunas llegan casi a inspirar temor como la de la familia Gravenor de Thomas Gainsborough, que nos observa fijamente desde un recóndito rincón de la campiña inglesa.
La reunión tiene lugar en la casa propieded de su abuela en Le Grand-Lemps, Alpes franceses, donde el pintor pasó siempre sus vacaciones hasta bién entrada su juventud. Muchísimas de sus obras representan la finca y sus alrededores; en definitiva, un lugar especialmente querido y frecuentado. Al parecer la figura de su madre aparece representada al fondo en la ventana a la derecha de la casa, mientras que, perfectamente reconocible, podemos ver al compositor francés Claude Terrasse, cuñado y compañero de milicias de Bonnard, con barba, cómodamente aposentado en ese sillón largo de la izquierda a quién retrató, y no solo ésta vez, fumando en pipa y acompañado de su mujer, Andrée, hermana del pintor, en su obra intimidad del año 1891, obra como podeis ver declaradamente influenciada por los consabidos ukiyo-e japoneses.
miércoles, 22 de junio de 2016
pierre bonnard - mujer adormecida en una cama 1899
Tambien conocido como la indolente, es uno de los primeros desnudos femeninos llevados a cabo por el pintor.
Seis años antes de la ejecución de esta obra, Bonnard, tuvo la suerte de encontrarse por pura casualidad, según se cuenta al ayudarla a cruzar una calle de París, con Marthe de Méligny qué a la sazón dijo tener 16 años. Ya no se separarían hasta la muerte de ésta en 1942. Aunque no era el estilo de la época, permanecieron solteros hasta 1925, ésto es 22 años, año en que contrajeron definitivamente matrimonio. Entonces Pierre supo que Marthe no solo tenía ocho años más sino que no se llamaba así, sino María Boursin; es decir, había ocultado su verdadera identidad y su edad real por alguna razón que nunca desveló. Trabajaba en París desde hacía poco cuando se conocieron y no mantenía ningún tipo de relación con familiar alguno, ni padres, ni hermanos...con nadie. No se sabe nada de su vida anterior.
María ó, si preferís, Martha, fué el eje de su vida, su musa, y, como iremos viendo, su modelo más exclusiva.
Casi con seguridad, es la mujer representada en ésta obra, que, como veis, es todo un cántico a la sexualidad y al más exquisito erotismo. Una musa representada en óleos, grabados, fotografías y hasta películas. Así, llevó a cabo un dibujo a lapiz y grafito para el libro de poemas de Paul Verlaine Parallélement, concretamente el que aparece en su página 100, para el que utilizó una fotografía tomada por el mismo; Bonnard, con su flamante Kodak, fotografió en muchas ocasiones a María en su apartamento parisino de la calle Douai.
De éste mismo cuadro, la indolente, se conocen un estudio previo de 1897-98 y una obra completa de 1898
Bonnard ilustró toda la obra mencionada de Verlaine, normalmente a base de impresiones color sanguina; una de ellas representa a María en una posición casi idéntica a la de la obra que estamos viendo, concretamente la que aparece ilustrando el poema titulado Seguidille. Aunque quizá no lo podais apreciar bién, el pintor cubrió parcialmente el sexo de María, puede que por tratarse de una publicación de larga tirada.
La indolente que estamos viendo no contiene ninguno de estos pequeños disimulos, mostrando una mujer en total intimidad, relajada y plena de vida, iluminada por una luz tardía que le da todavía mayor laxitud y placided. Bonnard juega con las líneas sinuosas en las rugosidades de las sábanas y en los contornos exhuberantes de su querida Martha, y, desde ese punto de vista alto, aplana los volúmenes y desdibuja otra vez los contornos.
martes, 21 de junio de 2016
pierre bonnard - almuerzo bajo la lampara 1898
a pesar de integrarse en el grupo de los llamados por sí mismos "nabis", palabra derivada de la hebrea nebiim, profeta, no reflejó casi nunca en su producción artística el lado espiritual y simbolista, a la manera de Gauguin, que impregnó éste movimiento sino aquel otro más doméstico e intimista. Eso sí, abandonó en general los escenarios tridimensionales y el colorido natural en sus sombras y luces, siendo estas últimas muchas veces forzadas y actuando siempre en aras del color, el color al servicio de los sentimientos que el artista quiere reflejar en su obra; toda la obra de Bonnard está marcada por ésta intención.
Siguiendo con la pauta que vimos en la entrada anterior, el gran jardín, nos ofrece en esta otra obra, ya cercano el final de siglo, una escena familiar absolutamente secilla y cotidiana, repetida en miles de hogares: la hora de la cena. Bonnard establece dos únicos planos, uno, el del fondo, iluminado por una lámpara visible, mientras el de delante queda en claro contraluz, ambos de líneas desdibujadas y formas difusas qué contribuyen a remarcar la intimidad del momento. Aparece ese tono anaranjado que repetirá en muchas otras obras e irá intensificando poco a poco.
La pequeña cabeza de la niña, al situarla en el centro geométrico de la escena,resaltando de la negrura del fondo, da unidad y centra toda la composición. Pese a su máxima sencillez, el resultado es brillante y cargado de ternura.
sábado, 28 de mayo de 2016
pierre bonnard - le grand jardin 1895
mas importante que la famosa Escuela de Bellas Artes parisina fué para Bonnard el paso por la Academia Julián, abierta en 1868, y a la que se incorporó a la vez que proseguía sus estudios de Derecho, un lugar ideal buscado por artistas profesionales y amateurs que no estaban dispuestos a someterse a los rígidos planteamientos de la primera. Entre otras ventajas y contrariamente a ésta, las alumnas eran bién recibidas y, al igual que los hombres, copiaban modelos desnudos del natural. Allí nuestro pintor conoció a Paul Sérusier y a Maurice Denis a través de los cuales se encontraría con la obra de Gauguin y junto a otros artistas jóvenes formaría el grupo de los Nabis del que iremos hablando más adelante. Sérusier había pasado en la Bretaña algunos meses junto al pintor postimpresionista y contagió a todos su entusiasmo por las novedades que había descubierto en la forma de hacer de los últimos años de este ya famoso artista. Del año 1888 es su pequeña y famosa obra el Talismán, ó el Bosque del Amor, que podeis admirar en el Museo d`Orsay de París, y en la qué, aún identificando los elementos que la componen, reduce éstos a simples manchas planas de color, sin ninguna intención de captar la realidad tal y como es, ni siquiera interpretarla como un impacto en los sentidos al modo de los anteriores impresionistas. Denis decía que, ante esta pintura, se sentía liberado de la esclavitud asociada a la copia de la naturaleza, ataduras tales como......ésto tiene que parecer follaje, ....allí las hojas del árbol deben lucir su brillo para que destaquen del fondo y sobre todo reflejen la luz......esa hierba debe parecer alta y densa...ó las vacas deber ser ante todo verdaderas vacas anatómicamente hablando. Frente a ésto el propio Gauguin insistía: "¿Cómo ve usted los árboles? Son amarillos. Pues bien, ponga amarillo; esta sombra, más bien azul, píntela de color ultramar puro, lo más azul que pueda; ¿esas hojas rojas? ponga bermellón, y lo que ve como verde póngalo del verde más bonito que consiga de su paleta". Y, el resultado es un conjunto de manchas de color en perfecta armonía cromática y perfecto equilibrio de sus tamaños, y por lo tanto agradable al ojo humano, sin ninguna otra pretensión.
Bonnard es por ahora mucho más austero en el tratamiento del color, pero espléndido en la búsqueda de colores armónicos, y poco a poco va incorporando a sus obras experiencias propias que pueden servir de forma general a cualquier persona de este mundo, esto es, crea un mundo atemporal y simbólico y, al igual que Gauguin en sus obras finales, pone en escena algo muy propio, interior, utilizando recursos sencillos, planos, sin artificios técnicos, sin pretensiones realistas.
El gran jardín que contemplamos es aún un okiyo-e, de gran tamaño, como el cuadro de la entrada anterior, pero introduce en la escena esos elementos simbólicos como los gallos y gallinas, la mujer de la casa en sus faenas y el mundo idílico de los niños, niños recogiendo manzanas y acompañados por su compañero el perro. Todo cotidiano, todo asociado a su mundo interno, pero común a miles de asociaciones de este tipo, una mujer que cuida y controla, unos niños ajenos que viven en su fantasía, unos animales ligados a ellos en mayor ó menor grado, unos manzanos que ya dejan caer su fruto maduro........Sencillo y universal, todo un símbolo, ó un mundo de símbolos sumergido en un paraíso verde, vegetal, jugoso y adorable, el mundo de nuestra niñez despreocupada y tierna, sin penas ni contratiempos.
Traemos cuatro obras de Bonnard, todas de estos años, asociadas a la recogida de manzanas, que pueden contemplarse juntas en esta exposición, Pintando la Arcadia, exposición itinerante que al día de hoy ha visitado París, Madrid y últimamente San Francisco. Nunca habían sido exhibidas juntas por lo que és una novedad. Se trata de :
- niños jugando con una cabra 1899 -pola museum of art Kanagawa-Japan
-recogiendo manzanas - pola museum of art Kanagawa-Japan
-la recogida de manzanas 1899 -museo de Orsay , París
-y esta que vemos, el gran jardín 1895
jueves, 26 de mayo de 2016
pierre bonnard -crepúsculo -la partida de croquet 1892
a apartir de las grandes exposiciones sobre este pintor durante los años 1984 y 1985 en París, Washington, Zurich y Frankfurt-am-Main, la figura de Bonnard empezó a ser considerada como de primera magnitud dentro del panorama pictórico del siglo XX, siglo en el qué, desde el comienzo, y como continuación de lo que venía aconteciendo ya desde la segunda mitad del XIX, la vanguardia del arte se vió vertiginosamente impulsada por una contínua y sucesiva aparición de movimientos, de formas de interpretar y desarrollar el hecho artístico. Este párrafo podía aplicarse a una gran cantidad de artistas sin más que sustituir el nombre de Bonnard por el suyo y da idea de la celeridad del arte moderno y también por supuesto de la tendencia al anonimato inmediato al que generalmente relega provisionalmente a sus creadores.
En el momento en que nuestro pintor está llevando a cabo esta obra, Crepúsculo, 1892, otros pintores en Europa están ocupados aún con el Impresionismo, el Post-impresionismo, el Simbolismo, el Art Nouveau y están a punto de dar sus primeros pasos el Fauvismo, el Expresionismo, el Cubismo y la misma Abstracción.
Si Bonnard tiene entonces 25 años, Degas está en los 58, Cezanne en los 53, Monet en los 52, Renoir en los 51 y Gauguin en los 44, mientras que Matisse solo tiene 23, Mondrian 20, Kandinsky 26, Munch 29 y Klimt alcanza ya los 30. Las demás promesas son todavía niños, Malevich tiene 14, Kirchner tiene 12, Klee 13, Picasso 11, Braque 10 y Chagall cuenta con tan solo 3 añitos.
En definitiva un continente en plena ebullición artística que ha dado la espalda definitiva al academicismo dogmático e impecable y sigue múltiples caminos.
Cuando realiza esta obra, Bonnard había conseguido hacía tres años ser admitido al fín en la famosa Escuela de Bellas Artes francesa y allí conocería a Edouard Vuillard, un año más jóven que él, quién abandonaría enseguida esta institución por no ser de su gusto el rígido plan de estudios que la caracterizaba. Ambos muchachos habían pasado por famosos liceos de París y ambos decidieron pronto dedicarse a la pintura como vocación en contra de sus propios padres, quienes querían algo más formal . Vuillard debería haber seguido los pasos de su progenitor y hacerse militar y Bonnard la de Leyes, carrera que empezó, acabó a los 21 años y en cierto modo, pues no acabó de pasar cierta prueba oral, la ejerció algún tiempo en diversos empleos, el Registro Civil y como ayudante del fiscal del distrito del Sena.
Un año antes, en 1891, mientras hacía su servicio militar, había ganado un concurso para un cartel anunciador de un famoso champán, el famoso France - Champagne, y este pequeño éxito no solo le dió ánimo para dar el paso definitivo hacia su verdadera vocación, sino que hizo cambiar de parecer a su padre quién empezó a ver de otro modo el porvenir de su hijo y le dió libertad absoluta. El cartel tuvo un gran éxito en el mundillo artístico y al parecer influyó en el mismísimo Toulouse-Lautrec y sus maravillosos carteles; de hecho se hicieron grandes amigos. Recibió algo de dinero por él, poca cosa,, pero suficiente para estimularle a vivir de la pintura.
La partida de croquet podría ser perfectamente un cartel anunciador añadiéndole algunas palabras necesarias para su fín, y extraìdo, por supuesto, de entre las estampas japonesas : colores planos y fríos, sin profundidad ni perspectivas, sin luces y sombras. Un bellísimo ukiyo-e, a pesar de su tamaño nada pequeño, 130 x162 cms, en una gama perfectamente armonizada de verdes donde el estampado a cuadrícula de alguno de los trajes establece indirectamente un orden y estabilidad en toda la apacible representación de ese instante suspendido, parado en mitad de la tarde, y en la que el pintor, todavía soltero, nos presenta a su familia: empezando por la izquierda, su cuñado ,su padre agachado, su hermana Andrée y una amiga. Están en el jardín de la casa que su familia poseía en el departamento francés de Isere, junto a la Saboya, exactamente en el llamado Grand-Lemps. La obra fué presentada en el Salón de Independientes parisino de ese mismo año de 1892.
miércoles, 25 de mayo de 2016
pierre bonnard - mujeres en el jardín-1890 -91
permitidme que comience el primer comentario sobre esta exposición aludiendo a lo que sobre el pintor Vincent Van Gogh figura en una de las entradas de este blog, los descargadores de Arlés - 1888, de la exposición Impresionistas y Aire libre; en sus últimos párrafos se habla de la influencia qué, sobre este pintor, tuvieron los grabados japoneses y el descubrimiento por su parte de muchas de sus cualidades en los cálidos y luminosos paisajes del mediodía francés. Van Gogh llegó incluso a versionar una obra del pintor japonés Utagawa Hiroshige, el puente Ohashi en Atake bajo una lluvia repentina, xilografía del año 1857, con el título de puente bajo la lluvia del año 1887. Por supuesto, al igual que muchos artistas, snobs y entusiastas de la época, se hizo, en colaboración con su hermano Theo, con una buena colección de estampas japonesas, ukiyo-e, que ambos presentaron en una exposición, el año 1887, en el café Tambourin de Montmartre.
Os traigo esta excelente página que contiene una buena colección de grabados japoneses y que permite apreciar su diversidad y evolución.
La influencia de lo japonés en la vida artística y en la decoración y el gusto de la sociedad europea de estos años de la segunda mitad del XIX es extensísima, los grandes salones se llenaron de sus estampas, el uso del kimono se puso de moda y hasta se tomaba en muchas casas el té con todo el ceremonial del país del Sol Naciente.
El Impresionismo y el Neo-impresionismo se vieron notablemente afectados por la forma simple y precisa y a la vez natural y descriptiva de esta forma de hacer y, no solo Van Ghog sino Maurice Denis (Easter mystery, 1891), Paul Gauguin (a seashore, 1887), Edgar Degas ( antes de la carrera, 1895), Claude Monet (Orchand in bloom, 1879), Toulouse-Lautrec (aux Ambassadeurs, 1894), Renoir (childrens' afternoon at Vargemont, 1884) ó Whistler (Annabel-Lee, 1890) participaron en mayor ó menor grado de este entusiasmo.
Bonnard en este aspecto no fué ni mucho menos una excepción. Con la apertura comercial del Japón al mundo occidental, se inició un flujo contínuo de toda clase de objetos de arte, enseres de uso cotidiano, muebles, grabados, obras literarias, formas de vestir y costumbres y, en general, todo aquello originario de un país tanto tiempo cerrado y oculto, que generaba una irresistible atracción en la sociedad culta y refinada de la época. En definitiva Europa y América lo redescubrieron y lo oriental se puso de moda. El llenar sus salones del exotismo y belleza que indudablemente lo caracterizaba fué prioridad. El jóven Bonnard se vió influenciado por esta nueva marea y, al parecer, llegó a acudir varias veces a las llamadas cenas japonesas qué mensualmente se celebraban por iniciativa del más entusiasta comerciante y recolector de arte japonés del momento, Samuel Bing, en las que se reunían coleccionistas, críticos y por supuesto pintores y en las que se usaban palillos al estilo oriental y se bebía el clásico sake. También adquirió, como muchos otros pintores de primera línea, algunos grabados en madera.
Como la mayoría de los Nabis, su actividad no se limitaba a la pintura, pués también diseñaba muebles, estampados para tejidos y ropa, todo tipo de murales y decoraciones, incluidas las relacionadas con la escena; llegó a hacer marionetas, ilustrar folletos, libros y anuncios publicitarios y, como vemos, pintar biombos. En efecto, los paneles que estamos viendo, Mujeres en el jardín, iban a formar parte de las cuatro hojas de un biombo, pero éste no llegó a existir nunca como tal. Quedó lo mejor, los paneles, que van pintados sobre papel y éste pegado al lienzo, y en los qué Bonnard representa cuatro mujeres al más puro estilo ukiyo-e :
Mujer con vestido de lunares, Mujer sentada con gato, Mujer con vestido de cuadros, Mujer con esclavina, todas ellas en un jardín. Como veis, se deleita en las curvas de los cuerpos, incluidos los de los animales, en los pliegues y ondulaciones de los vestidos y prescinde, como los japoneses, de sombras y escenarios en perspectiva; además trata el color con una delicadeza y armonía sublimes. La alegría y desenfado de las figuras caracteriza sus obras de estos momentos. Del año 1891 es su obra Dos perros jugando y también Mujeres con perro y cuyas figuras bién podrían formar parte de alguno de los paneles que estamos viendo. Ligereza, sinosuidad de líneas, sencillez y economía, cualidades tomadas todas ellas de los grabados japoneses.
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