sábado, 29 de noviembre de 2014

el greco - la adoracion del nombre de jesus 1577-1580


 cuando el Greco llegó a Toledo hacía tan solo unos años que se había librado la batalla de Lepanto. Sus ecos estaban todavía recientes y la sensación de seguridad que se había extendido por toda la Cristiandad era palpable en todos los ambientes. Acciones de gracias, fiestas conmemorativas y oficios religiosos fueron constantes en aquellos años en todos los municipios y por supuesto esta alegría también se manifestó artísticamente. Seguramente habreis visto más de una vez representaciones de esta famosa batalla entre la Liga Santa y el Imperio Otomano en las que casi invariablemente aparece la Virgen del Rosario presidiendo y acompañando desde lo alto a los hombres que en defensa de la civilización cristiana luchaban abajo. En efecto el día de la victoria de Lepanto fue declarado fiesta de la Virgen de la Victoria por el papa Pío V, y cambiado por el de la Virgen del Rosario por el Papa Gregorio XIII en 1573.

Ver las obras al respecto de Pablo Veronese, Lucas Valdés, Juan de Toledo ó Francesco Brizio, y estas otras conmemorativas de Lázzaro Baldi y del Tiziano.

Hay un estudio de la historiadora e historiadora del Arte por la Universidad de Alcalá de Henares Eva María Martínez Cortés en el que deduce que el mismísimo rey Felipe II utilizó representaciones pictóricas de batallas navales  acontecidas durante su reinado como medio de propaganda para enaltecer la fé cristiana en plena Contrarreforma y su propio poder. Los medios se extendían a grabados, ilustraciones en libros e incluso camafeos. Y entre esas batallas no faltó ésta de Lepanto.

Pudo así el rey encargar la obra que vemos ahora al pintor cretense y habría sido de éste modo la primera obra encargada por el Monarca a nuestro hombre,  aunque éste hecho no está probado. Tampoco se sabe el año de su realización, pero es casi seguro anterior al, éste sí, primer encargo real, el Martirio de San Mauricio que podemos ver en el Escorial. Sea como fuere lo probable es que el pintor pusiese sus esperanzas en su incorporación al servicio de la Corte en cualquier cosa que le diese a conocer relacionado con el poder imperial y sus gestas, y ésta obra llamaría la atención, sinó del propio Rey, sí de allegados suyos en visita a Toledo, aunque también lo pudo pintar en alguna de sus estancias en la capital del Reino. 

 La obra ha recibido distintos nombres,  Adoración del Nombre de Jesús, como figura en ésta Exposición, Alegoría de la Liga Santa, quizás el más adecuado, la Gloria, el Juicio Final e incluso el sueño de Felipe II. En primer plano podemos ver al dux de Venecia, Alvise Mocenigo, quién aparece de espaldas, como empieza a ser habitual en muchas obras del cretense, al papa Pío V junto a dos de sus cardenales, al hermanastro de Felipe II, Don Juan de Austria, capitán general de la flota,  vestido de general romano y por último , de rodillas y de negro total, guantes incluidos, al propio Rey en oración y bajo un aspecto un tanto mediocre y como si hubiese sido encajado en la obra a última hora. Es decir, están los líderes de las tres potencias que se unieron a duras penas para formar la Liga Santa en contra del Turco: Venecia, amenazado su próspero comercio mediterráneo e incluso la mismísima ciudad, el Papa que veía peligrar la Cristiandad entera y su propio estado terrenal, y finalmente el Monarca más poderoso en aquel momento  amenazado por tierra y mar a lo largo de muchos kilómetros de costa.

Todos ellos elevan su mirada hacia la gloria donde aparece el nombre de Jesús rodeado de ángeles dispuestos en actitud de adoración y magníficamente pintados, con pincelada suelta, apenas sin contornos, plenos de movimiento y ligereza. La originalidad y sutileza del Greco se aprecia en todos sus detalles e incluso llega a ocultar parcialmente por una nube a dos de ellos a la izquierda, pero lo hace de tal manera que apenas se aprecia. Para mi gusto el conjunto superior de la Gloria es lo mejor del cuadro y sus cinco ángeles delanteros están entre los de mejor gusto y ejecución de toda su obra.

El conjunto  está, por otro lado, armonizado magistralmente por medio de tonos rojizos y, sobre todo, por ese color dorado que envuelve toda la escena, desde las ropas hasta los fondos y paisajes y animando ligeramente los blancos de las nubes. En fín, el resultado como veis es una obra bellísima y muy original, que parece se sale del estilo que hemos encontrado en las ya vistas anteriormente de éstos primeros años en España. Recuerda un poco sus primeros iconos en cuanto a la ausencia de localización precisa y la independencia de sus elementos, esto es, la colocación de unos temas al lado de otros sin relación alguna entre ellos ni nexo de unión, pero por su calidad en todos los aspectos ,es ya la obra de un pintor maduro y genial.

viernes, 28 de noviembre de 2014

el greco - el expolio catedral de toledo 1577-1579


para muchos nos encontramos ante la culminación del arte del Greco. A mi entender lo es de la primera parte de su obra, la étapa más clásica en el sentido italiano de la palabra, por encima del Entierro del Señor de Orgaz. Luego llegarán como un ciclón todas sus creaciones marcadas por el estilo inconfundible y único que le caracteriza y por el que cualquiera le distingue.

He tenido la suerte de encontrar una imagen del Expolio tal y como ha quedado tras la reciente feliz y acertada restauración : podeis compararla con una anterior a la misma, es decir comprobar como estábamos viendo el cuadro tras más de 400 años desde su ejecución y como era cuando salió de las manos del artista. También fué llamada Despojo de las vestiduras de Cristo sobre el Calvario y para su ejecucción recibió el Greco la cantidad de 400 reales a cuenta el 2 de Julio de 1577 de manos del cabildo de la catedral de Toledo para presidir su sacristía, donde permanece desde entonces. Ciertamente era un riesgo que se corría con un pintor extranjero recién venido de Italia y aunque sus obras romanas eran conocidas de muchos, entre ellos el deán don Diego de Silva, el encargo era muy importante en una ciudad como Toledo, todavía centro eclesiástico y espiritual del Reino. Es posible que la Asunción de Santo Domingo el Antiguo ya estuviese acabada, si no entregada, y su calidad y formas correctas habrían avalado con creces al pintor en su designación para tal tarea.

El Greco decidió representar directamente a Cristo ya en el Gólgota en el momento del despojo de sus vestiduras que , según el Evangelio, fueron a continuación rifadas entre sus propios verdugos. El tema no era muy habitual en la pintura religiosa ni de antes ni del momento, pero el artista lo ilustró con dos detalles : la mano de uno de los sayones, el de la derecha, que está ya asiendo por su borde la túnica del Nazareno y la figura de un carpintero en primer plano a la derecha que parece perforar un orificio en el madero de la cruz. El resto podría ser un Prendimiento, con la figura de Jesús como elemento central y principal, agobiado, mejor que rodeado, por una nutrida multitud, donde el de Creta hace una gran demostración de riqueza de caracteres y de entonación perfecta de los contrastes de luces y sombras. En general la mayoría de los Prendimientos acumulan una gran multitud alrededor de la figura de Cristo tal y como hace nuestro pintor en su Expolio, aunque en pocos las cabezas de la multitud sobresalen tanto sobre la del Salvador. He traído algunos de ellos:

 -Francisco de Goya.
 -Duccio di Buoninsegna
 -van dyck
 -Francisco y Rodrigo de Osona
 -Dieric the Elder Bouts


 Podríamos seguir ensalzando cada detalle del cuadro y no acabaríamos. Admirarlo detenidamente, revisar sus rincones, sus detalles y la calidad de cada pincelada. Ampliarlo al máximo y disfrutar de una de las obras más excelsas de la pintura. No tiene desperdicio, cada rostro, cada gesto, cada destello de luz, estan supeditados a la unidad del conjunto de forma magistral y estoy hablando solo de lo meramente formal sin pasar a la fuerza emocional que contiene. La figura de Cristo llena toda la escena realzada de forma magistral con la túnica vaporosa de un color rojo frío que trás su restauración podemos ver en toda su intensidad inicial. El resto de los personajes no son meros comparsas, sino qué, por el contrario, mantienen su propia personalidad e independencia y sobre todo, y esto es un paso gigantesco del pintor en la españolización de su pintura, estan llenos de humanidad y realismo, muy por encima de los que vimos en la Trinidad. Ahora son gente corriente llenos de fuerza y de vida y dispuestos en actitudes variadísimas perfectamente conjuntadas que rodean la robusta figura  del Salvador a quién el Greco separa tajantemente del resto terrenal con esa expresión de tristeza y serenidad sobrenatural.

Las figuras de las Marías del primer plano que ponen su atención en la preparación irremediable de la cruz, así como la del carpintero en una audaz y soberbia postura, dan algo de profundidad a la obra, propiedad que el pintor ha obviado intencionadamente desde el primer momento lo mismo que la definición del lugar ó el introducir alguna apertura ó algún paisaje de fondo, indispensable en toda obra de la época. Se limita a una pequeña franja de cielo encendido en fulgores de luz de luna donde destaca un campo de lanzas y una minúscula porción de suelo delante para acomodar el pié casi transparente del Maestro.

Cobró mas el Greco por la traza y la ejecución del altar en el que iría esta obra que por ella misma. Se cobraba más de escultor ó arquitecto que de pintor, máxime tratándose de un artista casi desconocido aquí, del que se sabía poco, ni  qué bienes poseís, ni siquiera porqué había venido a España. Sin embargo él ya se enorgullecía de su forma de hacer y, sobre todo, era consciente de que el Expolio era ya una verdadera obra maestra. Una vez acabada había que tasarla y para ello se nombraban tasadores por ambas partes, el pintor y el Cabildo en éste caso, y se trataba de llegar a un acuerdo. En el primer contacto la cosa quedó en 900 del primero contra sólo 227 que ofrecía éste último; se nombró un mediador que acabó fijando el precio en 317 ducados que el pintor no aceptó inicialmente, ya que a esta imposición económica se añadieron varias condiciones que concernían a la obra misma: las Marías eran improcedentes por no figurar en el texto evangélico y había que suprimirlas; las armaduras y celadas no eran de la época de Cristo y además debía quitar cabezas que no podían estar de ningún modo por encima de las de Jesús. Consolémosnos porque al final, aunque el Greco no sacó un ducado más, ninguna de estas cosas se suprimieron, seguramente gracias a la fama y popularidad que rápidamente consiguió esta magnífica obra.    

miércoles, 26 de noviembre de 2014

el greco - la trinidad - 1577-1579



Quizás sea una pena entrar hoy en la Iglesia-convento de Santo Domingo el Antiguo de Toledo y encontrar tan solo 3 obras originales del Greco de las nueve que pintó y que aparecerían recientísimas, en todo su esplendor, el día 22 de Septiembre del año del Señor de 1579, fecha en que se ofició la primera misa en el nuevo altar mayor de la nueva iglesia. Aún así la visita nos permitirá ver sus Santos Juanes, el Bautista y el Evangelista a ambos lados de una copia de su Ascensión de María, cuadro central del retablo y su Resurección en un altar lateral del lado derecho, todas ellas de la mano del artista. Por lo tanto no encontrareis: la Trinidad, actualmente en el Prado y que estamos viendo, la Ascensión de María, hoy en el Instituto de Arte de Chicago, San Benito también en el Prado y San Bernardo en el Hermitage de san Petersburgo, una Santa Faz , cuya copia vereis hoy rematando el cuadro central de la Ascensión, y cuyo original pertenece actualmente a los fondos de la colección Juan March, y, finalmente, una Adoración de los pastores que se encuentra en los del Banco de Santander. Como veis está bién repartido el posiblemente primer encargo importante con el que llegó a España el de Creta.

O sea qué, sí como se indicó en la entrada anterior, hacia el verano de 1577 se encontraba el artista ya en Toledo a punto de iniciar esta obra y el Expolio para la Catedral, en tan solo dos años , más bién cortos que largos, estas estaban ya acabadas y entregadas, cumpliendo con el plazo de 20 meses que figura en los documentos referentes a la transación. Y, además !de qué manera tan magnífica!. Porque, contemplar por favor la obra que nos trae, La Trinidad, ó si lo preferís, el Expolio en cuanto lo publique en la próxima entrada, y vereis ya a un gran maestro, dentro todavía de la corriente italiana, que domina con enorme autoridad todas las facetas de la pintura y le imprime un carácter personal y único.

A sus 38 años el Greco estaba ya muy por encima de todos los pintores que por aquellos años ejercían de una forma u otra su profesión en España. Muchos de ellos habían pasado por Italia asimilando en parte los grandes avances que el Renacimiento y, ahora ya, el Manierismo, habían alcanzado. Aquí supieron en muchos casos reflejarlo dignamente en sus obras, añadiendo su propia intimidad y en general atentos a lo que la vida cotidiana reportaba. Entre ellos estaban Pedro Berruguete, Alejo Fernández, Juan de Juanes ó Luis de Morales, quienes comenzaban a definir una pintura esencialmente española, así como Alonso Sánchez Coello ó Juan Fernández de Navarrete. De todos ellos incluyo una obra; verlas, después contemplar La Trinidad y sacar conclusiones. ¿estaba el Greco a su altura ?. ¿podía merecer un puesto como pintor en la corte de la primera potencia del mundo?

Tan solo hacía cuatro años que Doña María de Silva, dama al servicio de la Emperatriz Isabel de Portugal, esposa de Carlos V, había fallecido trás treinta y ocho años de viudez que pasó encerrada en este monasterio de Santo Domingo. Allí dispuso su sepultura y además compró los terrenos necesarios para la construcción de un nuevo edificio en sustitución del ya viejo. Fué el deán de Toledo, don Diego de Castilla, quién se encargó de que estos deseos reflejados en el testamento de la señora se llevaran a cabo y para ello, posiblemente a través de su hijo don Luis coincidente con el Greco en Roma y gran conocedor de su obra, contó con el pintor para el diseño y las pinturas del retablo principal.

 Pero vamos de una vez a esta maravillosa obra que tenemos la suerte de verla muy de cerca, no en lo alto del altar de Santo Domingo, sino en una de las paredes del Museo del Prado y además dispuesta frente a otra gran Trinidad, la de Jose de Ribera del año 1635 y qué, desde luego, está a la altura de la del Greco. No me ha gustado nunca buscarle padrinos ó antecedentes a una verdadera obra de arte, pero debo reconocer que hay dos que podrían considerarse al menos inspiradores de ésta obra : el primero es Miguel Angel a quién el Greco, a pesar de todas las leyendas y habladurías, adoraba y ,sobre todo, admiraba. Casi toda esta obra es un homenaje a su lenguaje formal y al espíritu que se desprende de cada uno de sus personajes.
Especialmente el cuerpo de Cristo muerto, casi ingrávido, sostenido sin ningún esfuerzo por el Padre, inmerso a su vez en una serenidad y al mismo tiempo un profundo amor por el Hijo fiel y generoso,  parece sacado de la mismísima Pietá del maestro florentino. Esta firmeza y serenidad sublimes en el ademán y en las posturas se repite también en los dos ángeles, vestidos de rojo y verde, que parece ayudan a sostener el cuerpo. Y, si lo preferís, contemplar  las figuras con las que Miguel Angel decoró el techo de la Sixtina y volvereís a encontrar este equilibrio y carácter que aparece en la Trinidad.
El otro pintor al que podríamos acudir en busca de cierta referencia es Durero. Es posible que una de sus xilografías de 1511 de este mismo tema haya inspirado al cretense; estampas como ésta iban y venían por los ambientes artísticos de la época y eran bien conocidas de todos siendo la norma habitual aprovechar tanto modelos como composiciones para incluirlos más ó menos particularizados en sus obras. En éste sentido, ya lo hemos indicado con anterioridad, el Greco no fué una excepción. Prescinde de los atributos de la Pasión que portan los ángeles, elimina los vientos de la parte inferior y, como veis, lo cambia todo, hace su obra que ,por supuesto, no tiene ya nada que ver con la del maestro alemán.

El conjunto es un cuadro plenamente renacentista ya pero con una luz y un colorido venecianos. La presencia de los cuatro colores primarios, más el blanco luminoso que lo envuelve todo, dan como resultado una escena en perfecto equilibrio cromático que el ojo percibe con placer. Los tonos son puros y brillantes pero todavía sin las estridencias en los brillos que veremos en el Greco más maduro.

jueves, 20 de noviembre de 2014

el greco - la magdalena penitente de budapest 1576-1577


 La primera referencia que se encuentra de la presencia del Greco en Toledo data del 2 de Julio de 1577 en un documento en el que consta  recibió la cantidad de 400 reales a cuenta del encargo del Expolio, pero pudo haber llegado antes a España y no necesarimente a ésta ciudad; en efecto existe otro documento del 9 de Agosto de ese mismo año en el que él mismo señala con su propia firma el haber recibido de don Diego de Castilla la cantidad de 51.000 maravedíes "....cuando volví a Madrid....." .También se habla en otros documentos de la necesidad de hacer ciertas pinturas encargadas necesariamente en Toledo, ..."sin sacarlas de allí"..., lo que da a entender que estaba a pié entre Madrid, la Corte, y la ya antigua capital Imperial. Sea como fuere, lo cierto es que el cretense se encontraba ya en España al menos en el verano de 1577 y con la clara intención de introducirse como pintor en el ambiente artístico que rodeaba a Felipe II y los trabajos de moda que no eran otros que los que se llevaban a cabo en el Monasterio del Escorial. Está también bastante claro que, todavía en Roma, el pintor contaba con información de primera mano sobre lo que acontecía en España. Allí, el embajador del Rey español, don Luis de Requesens, hacía tiempo que reclutaba artistas italianos ó de formación italiana, para lo que se estaba haciendo en el Escorial y nuestro pintor deseaba como fuera ser uno de ellos y para eso contaba con recomendación. No en balde estaba en íntimo contacto con Julio Clovio del que ya hemos hablado, quién contaba con encargos de miniaturas directamente del rey Felipe, como no podía ser de otra manera, tratándose del más afanado y meritorio de entre los de su ramo. Además, en el mismo círculo se encontraban nada menos que don Luis de Castilla , hermano de don Diego, deán de Toledo, y don García de Loaysa, gran amigo de Fulvio Orsini, coleccionista de arte y gran humanista protector del Greco, al que también anteriormente nos hemos referido. Entre todos y, posiblemente también por influencia del mismo Juan de Herrera, arquitecto del Escorial, con quién pudo colaborar el pintor en Roma, nuestro hombre decidió dar otro paso importante,  muy posiblemente además avalado por la promesa de los trabajos de las pinturas de la iglesia de Santo Domingo el Antiguo de Toledo.

Casi con seguridad ésta Magdalena Penitente fué pintada ya en España. Se trata de una figura evangélica muy apropiada para extender las ideas de la Contrarreforma entonces en pleno apogeo : el arrepentimiento y el perdón tras una vida  desordenada lejos de Dios. El Greco, como fué cada vez más habitual en su obra, hizo muchas versiones de la misma, amén de sucesivas copias propias ó de su Taller. No siempre se puede asegurar su mano exclusiva en cada obra, pero para lo que es éste blog, sin indagar en este tema, vamos a presentar una sucesión de Magdalenas atribuidas al pintor con la simple intención de ver la progresión de su estilo y, sobre todo, admirar la belleza y originalidad de todas ellas.
Antes debo decir que la presencia de María Magdalena es esencial en el espíritu que se desprende de la lectura de los Evangelios, al contener, no solo la virtud del arrepentimiento y el perdón divino que hemos mencionado, sino también el atractivo de la unión, que en ella se dá, de la vida puramente humana con todos sus atributos, entre ellos uno de los más importantes y decisivos, el sexual , y la virtud que acerca al hombre a sus anhelos de perfección, esto es, a la divinidad. Así, aparece en el Evangelio en cuatro ocasiones reflejando siempre cierta sensualidad: una María , hermana de Lázaro que enjuaga los pies de Jesús (Juan 20.1), una pecadora arrepentida que hace lo mismo y además perfuma y seca los piés con su propio cabello (Lucas 7.37-50), una mujer valiente ante los verdugos de Jesús que permanece al pié de su cruz, y finalmente un encuentro en solitario entre un Cristo resucitado, casi fantasmal, etéreo y la mujer que trata de tocarlo en vano. Si María siempre es representada con la aureola de la virtud y perfección, Magdalena lo es casi siempre acaparando ambas cualidades aparentemente opuestas y de ahí su mágico atractivo, qué el de Creta representa en todos los casos de forma genial.

Empezamos con ésta versión del Museo de Bellas Artes de Budapest, museo que contiene una gran colección de pintura española y que os recomiendo si visitais la capital magiar. Es una obra qué, según los expertos, participa en gran manera del estilo del Tiziano, y que, por supuesto es esencialmente veneciana en el color, la pincelada suelta y definitiva y la iluminación, pero en la que aparecen ya muchos signos de las maneras que irán conformando poco a poco su obra :
(una vez más os recomiendo ampliar al máximo la figura, ya sabeis : derecho del ratón > abrir nueva ventana y a continuación +)  

-la expresividad y tamaño de sus manos, a las que siempre otorgará el Greco un gran protagonismo.

- el movimiento que imprime a las ropas, túnicas y mantos, que dan la impresión de estar flotando alrededor del personaje, envolviéndolos en una atmósfera llena de espiritualidad; así, los pliegues no conservan una disposición natural, no están sometidos a las leyes de la física, se salen de ella y ondulan arbitrariamente.

- la luz ya no tiene un origen u orígenes determinados, sino que emana de los mismos sujetos ó de todas partes. En éste caso sin embargo parece venir del lado izquierdo de la escena.  

-la manera en que realza las sombras y los brillos, especialmente estos últimos, mediante la aplicación de pinceladas anchas y bastante secas, como si raspara con el pincel, sueltas e independientes, consiguiendo una iluminación brillante y sobrenatural.

otras Magdalenas son :

-magdalena  del worcester art museum 1577

-magdalena museo de montserrat  1577

-magdalena - san eutropio de paradas   1580-1585

-magdalena museo de Cau-Ferrat 1585-1590
 
-magdalena museo bellas artes de bilbao

-magdalena  kansas city   1580-86

y la ya muy posterior

-magdalena coleccion arango

el greco - la dama del armiño 1576-1577


Si pasais por la ciudad escocesa de Glasgow no dejeis de visitar la
colección privada de la casa-museo Pollok House situada en el parque de ese nombre. Se trata de una gran mansión donada al Estado por la familia Maxwell en 1966, uno de cuyos miembros Sir Willian Stirling Maxwell, político e historiador, completó una valiosa colección de obras de arte, entre ellas varias de Murillo, Goya, Sánchez Coello y de muchos otros pintores españoles.

Pero os puedo asegurar que la gran sorpresa va a ser sin duda esta Dama del armiño que ahora vemos. Un retrato, independientemente quién sea su autor y quién sea la dama que representa, que llama la atención por su belleza. Os costará abandonar su contemplación. Maxwell lo adquirió en 1853 al deshacerse la famosa colección que Luis Felipe I de Francia había ido formando en el Louvre y desde entonces permanece en esta galería escocesa. A su lado se encuentra también otra obra de nuestro pintor, Retrato de un hombre, de 1590.

Ahora hemos tenido la suerte de verlo en España gracias a la decisión acertadísima de incorporarlo a estas exposiciones del gran historiador del arte y comisario de las mismas Fernando Marías. Sea ó no del Greco, ante la duda, no perdamos la ocasión de verlo. No lo recuerdo bién, pero me han dicho que en una de las exposiciones del Prado ha aparecido con signos de interrogación( ? ) en la etiqueta de autor y fecha. Así pues, ya veis como están las cosas. Por supuesto yo desde este blog me abstengo de dar una opinión. Me limito a presentar las 3 hipótesis sobre su autor, fecha y personaje representado qué más se barajan actualmente. Ninguna de ellas se puede corraborar actualmente por falta de datos ciertos :

- autor: el Greco
-fecha : 1576-1577
-personaje :¿ Jerónima de las Cuevas, compañera y madre de su hijo ?

la más popular  y que estuvo en vigor durante muchos años, prácticamente desde principios del siglo pasado. Según parece las primeras noticias de ésta obra datan del año 1836 cuando el Barón Taylor, comisionado del rey Luis Felipe I para adquirir en Madrid arte español, lo compra a un marchante habitual y es expuesto a continuación en la Galería Española de París de 1838 como "la hija del Greco", etiqueta del todo equivocada pués el Greco no tuvo nunca una hija. Fué posteriormente al conocerse este hecho, ya en 1900, cuando se cambió por doña Jerónima de las Cuevas, mujer ó ,al menos, compañera muchos años del pintor y madre de su hijo.  Pero, ¿fué fundamentado en algo este cambio, digamos, casi de " última hora"?. Algo así como : ..."si no era la hija, que sea la esposa". 

-autor: Sofonisba Anguissola
-fecha : 1591
-personaje : Catalina Micaela , segunda hija de Felipe II e Isabel de Valois 

Se basa esencialmente en el estudio de su atuendo, su peinado y sus adornos qué, segun Carmen Bernis, estudiosa de la forma de vestir y de la moda de esos siglos, no correspondería ya con los años 1576-77, sino qué habría que situarla  a finales del XVI ó principios del XVII, pero además, basándose en Bernis, María Kusche, máxima autoridad en la vida y obra de la pintora Sofonisba Anguissola, establece la novedosa hipótesis de la autoría de la obra por parte de esta excelente pintora contemporánea del Greco, apoyándose también en la similitud del estilo y, sobre todo, en el parecido con Catalina Micaela, segunda hija de Felipe II e Isabel de Valois, a la que Sánchez Coello hizo un retrato fechado hacia 1584-85 , y que algunos estudiosos lo adjudican a la misma Sofonisba. El parecido es notable pero no definitivo, a mi parecer. Kusche ha llevado a cabo estudios técnicos y establecido argumentos bastante rigurosos amparando su teoría pero sin obtener la unanimidad de la comuidad de expertos.



-autor: ?
-fecha : siglo XIX
-personaje :  una actriz que representaba "La judía de Toledo" en esa época.

Por último García Jimenez fecha el cuadro nada menos que en el siglo XIX aduciendo haber sido realizada por algún artista próximo al círculo de Serafín García de la Huerta, pintor y marchante que vendió la obra al Barón Taylor en 1836, tal y como hemos indicado en el primero de los supuestos. Involucra a éste por ser nieto de Vicente García de la Huerta, autor dramático que introdujo la obra de "la judía de Toledo" unos años antes, y escogió el retrato de alguna de las actrices que representaban a éste personaje, bellísimo el retrato y la actriz, para ofrecerlo a Taylor como del Greco, y, además, su propia hija.


Para poner punto final a ésta polémica, transcribo literalmente las palabras del tristemente fallecido José Alvarez Lopera, gran autoridad en este tema y en la obra del Greco, sobre el asunto:

"....en los años siguientes el Greco tendría que acercarse, para satisfacer a sus clientes,a las ideas, y en cierto modo incluso a la factura, propias del retrato de corte de la época.
A mi entender es desde ese punto de vista desde el que hay que abordar La Dama del armiño, un retrato sumamente controvertido en cuanto a su atribución y a la identidad de la efigiada, pero que a mi entender no cabe eliminar del corpus de obras del cretense............Por otro lado, desde Cossío en adelante se ha hecho notar la técnica, prodigiosa y plenamente afín con la del maestro, con la que están representados el forro de pieles, el velo transparente de la toca o la lechuguilla de la manga.........se trata, es verdad, de un unicum en  la obra del artista, pero conviene advertir que no se trataría de la únia vez en la que el artista, buscando hacer una demostración de que podía sobrepasar a sus oponentes en el terreno propio de éstos, cambiase inopinadamente de maneras y produjese una obra de difícil encaje en su evolución estilística".  

(José Alvarez Lopera - el Greco -pag. 64)

lunes, 17 de noviembre de 2014

el greco - cristo crucificado- coleccion liberbank 1573-74


otra pequeña obra, 30x20 cms, también al temple sobre tabla, qué bién podría ser una copia recordatorio ó de presentación a sus clientes potenciales. Los estudiosos la datan entre 1573 y 1574, fechas en las que el pintor seguía en Roma pero ya no vivía en el Palacio Farnesse del que había sido expulsado según se desprende de una carta de su mano quejándose del trato recibido y alegando no ser en ningún modo culpable de las acusaciones que contra él se esgrimían. La naturaleza de las mismas no se conocen , aunque algunas especulaciones han llegado casi, a fuerza de repetirse, al grado de verosimilitud, como la de la famosa crítica a Miguel Angel al serle encargado el trabajo de tapar algunas desnudeces del grandioso Juicio Final de la Sixtina. (..."si se echase por tierra toda la obra, él( el Greco) podría hacerla con honestidad y decencia y no inferior a ésta en buena ejecución pictórica"... palabras del pintor que encendieron los ánimos de artistas, críticos y hombres de letras de aquella ciudad que todavía veneraba al gran florentino.)

Sea como fuere, el Greco se vió de pronto fuera de la comodidad y ambiente selecto del Palacio y debió instalarse por su cuenta pues, ahora sí, se conocen muchos trabajos de su mano de estos años, unos firmados y otros no. Sí está comprobado su ingreso en la Academia de San Lucas, condición indispensable para ejercer por su cuenta el oficio de pintor y abrir taller y recientemente se ha encontrado una corta biografía del médico romano Giulio Mancini en la que se confirman datos como la llegada del pintor a la Ciudad Eterna y, lo más importante, habla muy positivamente de su trabajo como pintor verdaderamente asentado y con encargos (..."había llegado a un gran dominio en su profesión"..).

Realizados durante su estancia en el Palacio Farnese hay casi unanimidad en adjudicar a la mano del cretense cuatro obras : el retrato de Giulio Clovio, el famosísimo Soplón, ambos en el museo napolitano de Capodimonte, la vista del Monte Sinaí que ya presentamos en entradas anteriores, hoy en el Museo de Heraklión, y , al parecer, la Curación del ciego de Parma. De estos años romanos existen también como de su mano algunos retratos excelentes, anticipando ya todo lo bueno que nos dejará más adelante en esta difícil disciplina artística. Entre ellos destacan dos, amén del ya indicado de Clovio :
el de Vincenzo Anastagi y el llamado retrato de un arquitecto, ó retrato de un hombre,que podría ser Andrea Palladio.

Y ya en nuestra obra, volvemos a encontrarnos, como en el cuadro anterior de la Anunciación, con un Greco distinto, repleto de espiritualidad y dramatismo, donde un Cristo ya muerto preside desde la cruz una atmósfera etérea y sobrenatural de densos nubarrones iluminados fantasmagóricamente, anticipo de sus futuras vistas toledanas y ,también, de muchos otros famosos Cristos crucificados, todo ello con pinceladas nerviosas y sueltas, apenas sin dibujo, llenando luces y sombras en tonalidades crudas y ásperas, sin apenas color, solo luz procedente de la misma Gloria que Jesús acaba de alcanzar.